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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 170

Días después...

~MILA~

Las tres semanas que Maksim había dispuesto para que se llevara a cabo la boda se difuminaron en un torbellino de preparativos para la ceremonia y la celebración de la misma.

Tanto mi hermano como Alessia no escatimaron en gastos. Contrataron a la mejor organizadora de bodas de Europa y entre los dos la amenazaron de muerte para que realizara la mejor boda del año en tres semanas. Me probé más vestidos blancos de los que podía contar, hasta que Alessia y yo encontramos el más hermoso y perfecto de todos.

Era una suerte tener a Alessia a mi lado, ayudándome a preparar cada detalle para que no tuviera que hacerlo yo sola. Además, ella parecía disfrutarlo enormemente.

—Perfecto —dijo, ajustando el corpiño del ceñido vestido—. Estás absolutamente deslumbrante.

Miré mi reflejo en el enorme espejo que tenía frente a mí y casi no me reconocí. Realmente me veía hermosa con aquel vestido. Era un diseño sin tirantes, adornado con intrincados abalorios que reflejaban la luz con cada mínimo movimiento.

—Oh, Dios mío... —susurré, asombrada y conmocionada.

Alessia se colocó detrás de mí y apoyó las manos sobre mis hombros.

—Eres la novia más hermosa que mis ojos hayan visto —manifestó. No había el menor rastro de adulación en su voz, solo una sinceridad que me conmovió—. El novio va a quedarse boquiabierto cuando te vea.

Mi corazón dio un vuelco por todas las emociones que comenzaron a revolotear dentro de mi pecho.

Al fin había llegado el día.

Al fin descubriría cuál de los dos hombres que amaba se convertiría legalmente en mi esposo.

Unos golpes en la puerta de la habitación que estábamos utilizando como área de preparación me hicieron volver a la realidad y girar la cabeza.

—Adelante —respondió Alessia.

La puerta se abrió y mi hermano apareció al otro lado. Se veía guapísimo, elegante y, al mismo tiempo, peligrosamente imponente con su traje oscuro de tres piezas. Alessia también lo notó, porque se mordió el labio con malicia, como si estuviera saboreando un delicioso pastel de chocolate.

Mi hermano avanzó hasta nosotras con esa elegancia natural que siempre lo había caracterizado. Su expresión permanecía seria, pero apenas sus ojos se posaron sobre mí vi cómo la dureza que acostumbraban transmitir se suavizaba hasta convertirse en algo que muy pocas personas tenían el privilegio de conocer: ternura. Esa ternura que solamente el inmenso amor que sentía por mí le hacía florecer.

Se detuvo frente a nosotras y durante unos segundos no dijo absolutamente nada. Me recorrió con la mirada de arriba abajo, observando el vestido, el peinado, el velo y cada pequeño detalle que Alessia y yo habíamos preparado con tanto esmero. Finalmente, una tenue sonrisa apareció en la comisura de sus labios.

—Estás preciosa, Malshka.

Sentí que el corazón me daba un vuelco.

—Gracias, Maksim.

Él dio un paso más hacia mí y, con una delicadeza impropia del hombre temido por media Europa y todo Estados Unidos, acomodó un pequeño mechón de cabello que había escapado de mi peinado.

—Si nuestros padres estuvieran vivos, estoy seguro de que estarían muy orgullosos al verte así.

Aquellas palabras me atravesaron el pecho con una fuerza inesperada.

Sentí cómo los ojos comenzaban a arderme y tuve que parpadear varias veces para contener las lágrimas que amenazaban con arruinar el maquillaje que Alessia había cuidado durante más de una hora.

Dios... Cuánto me habría gustado que nuestros padres estuvieran allí. Vivos. A mi lado en el momento más importante de mi vida.

Que mi madre acomodara mi velo una última vez.

Que mi padre me entregara en el altar.

Tragué saliva con dificultad antes de sonreírle a mi hermano.

—Gracias.

No pude decir nada más, pero él entendió perfectamente lo que estaba sintiendo.

Siempre lo hacía.

Una pequeña sonrisa orgullosa apareció en su rostro.

—El hombre que vaya a casarse contigo es un verdadero afortunado. Tendrá a la novia más hermosa de todo el mundo.

Reí bajito mientras negaba con la cabeza.

—No, Maksim. La afortunada soy yo.

Frunció apenas el ceño.

—No solo voy a tener un esposo, voy a tener dos hombres que me aman por encima de cualquier otra cosa y que, desde el primer momento, no han hecho más que demostrarme que lo único que desean es verme feliz. Creo que hay muy pocas mujeres en el mundo que puedan decir algo así.

Vi cómo la expresión de mi hermano volvía a suavizarse.

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