~MILA~
El tiempo pareció detenerse por un instante. Lo único que mis ojos podían ver era su rostro y la inmensa sonrisa que comenzó a dibujarse en sus labios al encontrarme frente a él. Nunca lo había visto tan guapo. El elegante esmoquin negro parecía haber sido confeccionado exclusivamente para él y el brillo de sus ojos oscuros decía mucho más que cualquier palabra: estaba tan feliz como yo de que aquel momento, por fin, hubiera llegado.
Aun así esperé... No sé exactamente qué esperé, pero lo hice.
Quizá una punzada de decepción por no encontrar a Nicolo. Quizá la sensación de haber perdido algo. Quizá la certeza de que había deseado ver a Paolo más que a Nicolo.
Pero no llegó nada de eso.
Lo único que sentí fue una felicidad inmensa al encontrar aquellos ojos oscuros clavados en los míos y esa sonrisa que tantas veces había conseguido devolverme la paz. Mi corazón sonrió con él y, en ese mismo instante, comprendí exactamente lo que Nicolo y Paolo habían querido demostrarme semanas atrás.
No estaba triste porque el hombre que me esperaba fuera Paolo. Tampoco pensaba que habría sido más feliz si hubiera encontrado a Nicolo ocupando su lugar. Simplemente era feliz. Profundamente feliz. Porque, aunque el hombre que iba a convertirse legalmente en mi esposo era Paolo, en ningún momento sentí que estuviera perdiendo a Nicolo. Ellos tenían razón. Un papel jamás iba a cambiar lo que los tres éramos.
Mi hermano aflojó el brazo para indicarme que era momento de dejarme ir y, antes de hacerlo, besó mi frente con el mismo cariño con el que lo había hecho toda la vida.
—Ve, Malyshka.
Asentí y di los últimos pasos completamente sola.
Paolo no apartó la mirada de mí ni un solo segundo. Su sonrisa era hermosa, pero también había algo más en sus ojos. Algo parecido a la incertidumbre. Como si, pese a todo lo que habíamos hablado durante las semanas anteriores, todavía necesitara escuchar una respuesta de mis propios labios.
Cuando llegué hasta él, no tomó mis manos de inmediato. En lugar de eso, esperó unos segundos y habló en un tono tan bajo que solo yo pude escucharlo.
—Todavía estás a tiempo, principessa.
Fruncí ligeramente el ceño.
—¿A tiempo de qué?
Una tenue sonrisa apareció en sus labios.
—De elegir.
Sentí que el corazón me daba un vuelco.
—¿Recuerdas lo que hablamos la noche del compromiso?
Claro que lo recordaba.
¿Cómo iba a olvidarlo?
—Si al llegar al altar descubrías que esperabas encontrar a Nicolo en mi lugar, solo tenías que decirlo —continuó con la misma serenidad—. Él ocupará mi sitio inmediatamente. No habrá discusiones, ni resentimientos, ni reproches. Solo queremos que seas feliz.
Lo miré durante unos segundos sin poder creer que, incluso allí, a escasos instantes de convertirnos en marido y mujer ante los ojos del mundo, siguiera dispuesto a renunciar a aquel momento si con eso conseguía verme sonreír.
Sentí que los ojos comenzaban a humedecérseme.
—¿De verdad harías eso?
Paolo sonrió con una dulzura que me desarmó.
—Sin pensarlo dos veces.
Negué despacio.
—No.
Vi cómo la duda cruzaba fugazmente por su mirada.
Sonreí entre lágrimas.
—No estoy decepcionada.
El aire pareció abandonar lentamente sus pulmones.
Tomé sus manos entre las mías.
—Lo único que lamento es no poder casarme con los dos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...