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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 175

~MILA~

Sentía que mi cuerpo temblaba de excitación cuando los tres llegamos a nuestra habitación después del banquete de bodas. Estaba más que ansiosa por tenerlos a ambos enterrados muy dentro de mí.

Apenas la puerta se cerró detrás de nosotros, me puse de puntillas y ataqué a Nicolo presionando mi cuerpo contra el suyo y devorando su boca. Sus dedos recorrieron mi cabello mientras correspondía a mis besos desesperados.

Carajo. Sus besos eran tan hambrientos y necesitados como los míos que rápidamente provocó que mi sangre hirviera en mis venas.

Sus manos ahuecaron mi trasero a través de la tela de mi vestido, apretándolo con fuerza. Gemí en su boca y froté mis senos contra su duro pecho de acero, al mismo tiempo en el que mi mano se cerraba sobre su polla que ya estaba dura como una roca.

Nicolo giró sus caderas, conduciéndose contra mi palma, y sonreí orgullosa de poder provocarlo de esa manera.

En eso sentí la boca caliente de Paolo en mi cuello y eché la cabeza hacia un lado, dándole más para devorar.

Con mi otra mano lo sujeté por la nuca, mientras las suyas se metían entre mi pecho y el de Nicolo para acunar mis senos. Sus dedos pellizacaron mis pezones y me hicieron gemir una vez más.

Abandoné la boca de Nicolo y me giré, buscando la de Paolo que me recibió con un hambre igual a la de su hermano, metiendo su lengua hasta lo más profundo. La saboreé, chupándola y mordiéndola, mientras con la mano también le apretaba la dura polla.

Un escalofrío me recorrió de pies a cabeza, erizando los vellos de mi cuello, cuando sentí cómo su erección temblaba contra mi mano.

«Dios mío —pensé—. ¿Cómo pudiste hacerme tan zorra y golosa como para no poder conformarme con una, sino necesitar dos grandes pollas como las de estos hombres?»

Nicolo no perdió tiempo. Sus manos ágiles comenzaron a quitarme el vestido, bajándome en primer lugar la cremallera de la espalda. Con un tirón, el vestido se deslizó hacia abajo y se acumuló a mis pies.

Como si estuviéramos sincronizados, Paolo se movió hacia el frente y yo salí del vestido. Como no llevaba sostén, quedé solo en bragas en medio de ellos.

De repente, Nicolo me sujetó por los muslos y me levantó del suelo para subirme a la cintura de Paolo. Cerré mis piernas detrás de su cadera y los dos me condujeron más adentro de la habitación.

No tuve tiempo para mirar alrededor porque de repente fui lanzada a la enorme cama, cayendo tumbada boca arriba.

Levanté la cabeza y observé hipnotizada cómo ambos se desnudaban delante de mí. No pude evitar morderme el labio mientras con lascivia observaba sus esculturales cuerpos desnudos.

Eran tan hermosos que dolía, con sus facciones afiladas, sus pechos musculosos y cubiertos de intrincados tatuajes que serpenteaban por su piel como oscuras obras de arte. Parecían dos ángeles esculpidos en mármol; hermosos y peligrosos. Las máscaras perfectas para los dos demonios que me iban a devorar entera y sin piedad.

Mi respiración se entrecortó cuando Paolo se subió a la cama y me empujó contra el colchón con el peso de su cuerpo. Llevó sus manos a la cintura de mis bragas y las deslizó por mis piernas, sacándolas de mi cuerpo. Me abrí en respuesta y él se acomodó enmedio.

Jadeé cuando presionó su pene duro como una estaca contra mi clítoris y lo restregó, haciéndome estremecer de puro placer.

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