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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 181

~MILA~

Durante unos segundos me quedé mirando a la doctora Amato sin pestañear, tratando de entender las palabras que acababan de salir de su boca. Las había escuchado perfectamente. Sabía que había dicho «dos». El problema era que mi cerebro parecía haberse negado a procesar qué significaba exactamente aquel número en relación con los bebés que, supuestamente, estaban creciendo dentro de mí.

—¿Dos qué? —pregunté al fin.

La doctora Amato dejó escapar una pequeña risa.

—Dos bebés, Mila. Estás embarazada de gemelos.

Sentí que las manos de Nicolo y Paolo se tensaban alrededor de las mías al mismo tiempo. Giré la cabeza hacia Nicolo y encontré sus ojos tan abiertos como seguramente estaban los míos. Después miré a Paolo y lo descubrí observando fijamente la pantalla del ecógrafo, como si esperara que, por arte de magia, las manchas grises y negras comenzaran a tomar forma frente a sus ojos.

—¿Está completamente segura? —preguntó Nicolo con la voz cargada de incredulidad.

—Completamente.

—Pero... —Paolo entrecerró los ojos y se inclinó un poco hacia el monitor—. ¿Dónde están?

La doctora sonrió y volvió a señalar la pantalla.

—Aquí tenemos uno —explicó, marcando una zona con el dedo— y aquí está el otro.

Los tres seguimos el recorrido de su mano.

Yo no veía nada. Absolutamente nada, así que dudé de lo que decía.

—¿Esos son bebés? —pregunté.

—Sí.

—Parecen frijoles.

Paolo soltó una carcajada y Nicolo se llevó mi mano hasta los labios para depositar un beso sobre mis nudillos.

—Son nuestros frijoles —murmuró.

Giré la cabeza y lo miré con incredulidad.

—Nicolo.

—¿Qué?

—No llames frijoles a mis hijos.

—Tú lo hiciste primero.

Abrí la boca para responder, pero la cerré al darme cuenta de que tenía razón y no podía refutarle.

Volví a mirar la pantalla y sentí que una extraña mezcla de emociones comenzaba a apretarme el pecho. Estaba feliz. Por supuesto que lo estaba. Pero también me sentía aterrorizada y tan confundida que ni siquiera sabía cuál de todas las preguntas que comenzaban a aparecer en mi cabeza debía hacer primero.

Entonces recordé algo.

—Un momento.

La doctora me miró.

—¿Sí?

—Usted ya me había hecho una ecografía.

—Así es.

—Y me dijo que todo estaba bien.

—Porque todo estaba bien, Mila.

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