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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 182

~MILA~

Una enorme sonrisa apareció en el rostro de Paolo.

—Lo sabemos.

—¡Al mismo tiempo!

—Generalmente así funcionan los embarazos gemelares —comentó Nicolo.

Lo miré con los ojos entrecerrados.

—No te hagas el gracioso conmigo.

Él intentó mantener una expresión seria, pero la sonrisa terminó traicionándolo.

—Perdón.

—No estás arrepentido.

—No.

Resoplé y regresé la mirada hacia la doctora.

—Entonces, ¿ahora sí está completamente segura?

—Ahora no tengo ninguna duda —respondió—. Esta ecografía es mucho más clara y el embarazo está lo suficientemente avanzado para confirmar la presencia de dos fetos. Tienes dos bebés desarrollándose dentro de tu útero, Mila.

Sentí que la cabeza comenzaba a darme vueltas otra vez.

Dos bebés.

¡Dos!

No uno.

¡Dos!

—Oh, Dios mío.

Paolo soltó mi mano y se inclinó hacia la pantalla, observándola con una expresión de absoluta fascinación.

—Son dos —murmuró.

Nicolo también miró el monitor.

—Uno para cada uno.

Los dos se miraron y sonrieron con complicidad.

Fruncí el ceño.

—No.

Ellos giraron hacia mí.

—¿No qué? —preguntó Paolo.

—No empiecen.

—No hemos hecho nada.

—Los conozco. Están a punto de felicitarse como dos sementales imbéciles porque hicieron dos bebés.

Paolo se llevó una mano al pecho.

—Jamás haríamos algo así.

Nicolo extendió el puño hacia su hermano y Paolo chocó el suyo contra él.

Abrí la boca, completamente indignada.

—¡Acaban de hacerlo!

La doctora Amato se echó a reír.

—¡Doctora, no los anime!

—Lo siento.

—No lo siente.

—Bueno, no demasiado.

Los hermanos seguían sonriendo como dos idiotas. Mientras tanto, yo sentía que el pánico comenzaba a apoderarse de mí.

—No sé cuidar un bebé... ¿cómo voy a cuidar de dos?

Las sonrisas de ambos desaparecieron.

—No tienes que preocuparte por eso —respondió Paolo inmediatamente—. No estás sola. Nosotros estamos contigo.

—Nunca he cambiado un pañal.

—Nosotros tampoco —dijo Nicolo.

—Eso no ayuda.

—Juntos aprenderemos a hacerlo, principessa.

Tragué saliva.

—¿Y qué voy a hacer cuando lloren al mismo tiempo?

—Atenderlos —respondió Paolo.

—¿A los dos?

—Somos tres adultos, principessa.

—¿Y si los confundo?

Nicolo frunció el ceño.

—¿Por qué los confundirías?

—¡No sé! Supongo que porque van a ser gemelos y se van a parecer mucho.

—No creo que se vayan a parecer tanto —dijo Nicolo—. Y aunque así sea, creo que los padres aprenden a diferenciarlos. Es como el sexto sentido que desarrollan.

Solté una risa incrédula.

—¿Y si no?

Una risa se me escapó entre las lágrimas.

Nicolo sonrió al verme.

—¿Ves? Sea lo que pase con ellos, sabremos buscar una solución.

—Los tres juntos —repitió Paolo.

—Gracias —susurré sonriendo.

La doctora Amato nos permitió unos segundos antes de volver a hablar.

—Hay algo más que quiero explicarles.

Los tres la miramos.

—Por las características que puedo observar, se trata de dos gestaciones independientes. En términos sencillos, Mila liberó dos óvulos y ambos fueron fecundados por separado. Cada bebé comenzó su desarrollo de manera independiente.

Parpadeé. Miré a Paolo. Después a Nicolo. Ellos me miraron a mí.

—Oh. Eso hace que saber quién era el padre biológico fuera todavía más complicado —dije.

Paolo fue el primero en reaccionar.

—No importa.

Nicolo asintió.

—Son nuestros hijos.

Sentí que el pecho volvía a apretárseme.

La doctora sonrió y regresó la atención a la pantalla mientras continuaba realizando algunas mediciones. Yo volví a mirar aquellas dos pequeñas figuras que seguían pareciéndome frijoles y, poco a poco, el miedo comenzó a mezclarse con algo mucho más fuerte.

Amor.

Un amor enorme por dos personitas a las que todavía no conocía.

Cuando la doctora terminó, imprimió varias imágenes de la ecografía y me entregó dos de ellas.

—Aquí tienes a tus bebés.

Tomé las fotografías con manos temblorosas. Nicolo y Paolo se inclinaron sobre mí para verlas.

—Dos bebés —murmuró Paolo.

Nicolo colocó una mano sobre mi vientre.

—Nuestra familia está creciendo rápido, principessa.

Paolo puso su mano junto a la de su hermano.

Miré a los dos hombres que me rodeaban y después bajé la vista hacia mi vientre.

Unas semanas atrás había sentido terror al pensar que podía estar embarazada de uno de ellos y que el otro decidiera alejarse de mí. Había temido quedarme sola, perderlos o descubrir que aquel amor que yo sentía por ambos no era suficiente para mantenernos juntos.

Ahora tenía dos esposos que parecían a punto de explotar de felicidad y dos bebés creciendo dentro de mí.

Tal vez todavía tenía miedo. Muchísimo. Pero no estaba sola para enfrentarme a ese sentimiento y estaba segura de que nunca lo estaría.

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