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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 183

Unos pocos días después...

~MAKSIM~

—Recuérdame que, cuando lleguemos a Nápoles, hable con Nicolo sobre los informes del puerto de Salerno —dijo Alessia mientras seguía tecleando en su computadora—. Hay tres contenedores que aparecen registrados con un peso distinto al declarado por nuestros hombres y quiero saber quién carajos está modificando la documentación antes de que la mercancía salga de Italia. También tengo que revisar con Vittorio los movimientos de las dos familias que entraron al nuevo Consejo y...

Dejé de escucharla.

No porque no me interesara lo que estaba diciendo ni porque me molestara verla trabajar durante el vuelo entre Chicago y Nápoles. Todo lo contrario. Desde que había asumido definitivamente el control de la mafia Cardinale, Alessia se había convertido en una maldita máquina que parecía capaz de dirigir su organización desde cualquier parte del mundo, y yo había aprendido que cuando empezaba a hablar de informes, rutas y movimientos de sus hombres era mejor prestarle atención porque, tarde o temprano, terminaba haciéndome una pregunta y se enfadaba si descubría que no la había escuchado.

El problema era que en ese momento estaba librando una batalla mucho más urgente contra mi propio estómago.

Tragué saliva y apreté la mandíbula cuando otra oleada de náuseas me revolvió las entrañas. Llevaba al menos diez minutos intentando convencerme de que aquella sensación desaparecería si respiraba despacio y dejaba de pensar en comida, pero mi cuerpo parecía decidido a llevarme la contraria. Tenía la boca llena de saliva, el estómago retorcido y una desagradable sensación de frío recorriéndome la espalda. Incluso el simple olor del vodka que Artem estaba bebiendo a unos metros de mí comenzaba a resultarme insoportable.

M****a. Habría preferido estar en mi casa, acostado en mi cama, que en ese puto vuelo, pero tenía que acompañar a Alessia. No porque ella me hubiese necesitado para dirigir a la mafia Cardinale, sino porque Mila nos había pedido acudir porque tenía una importante noticia que darnos. Así que, lo quisiera o no, tenía que acudir a Nápoles.

—...y si Paolo confirma que la ruta está limpia, podríamos utilizarla para los próximos cargamentos en lugar de seguir dependiendo de intermediarios en Sicilia —continuó Alessia—. ¿No crees?

Cerré los ojos y respiré por la nariz, lo cual fue una muy mala idea.

El olor del vodka volvió a golpearme.

Joder.

—Maksim.

No respondí.

Si abría la boca, existía una enorme posibilidad de que terminara vomitando allí mismo y todavía conservaba suficiente dignidad para no vaciar el contenido de mi estómago frente a mi esposa y mi avtoritet.

—Maksim —repitió Alessia con un tono más fuerte—. ¿Me estás escuchando?

Volví a tragar saliva y mantuve la vista clavada al frente, intentando controlar las arcadas que comenzaban a subir por mi garganta. Podía sentir una fina capa de sudor frío cubriéndome la frente y, por alguna razón, el interior del avión parecía haberse vuelto demasiado pequeño y caluroso.

—Alessia, Maksim no te va a responder —intervino Artem.

—¿Por qué? —cuestionó Alessia.

—Porque creo que está a punto de desmayarse.

Abrí los ojos y le lancé una mirada asesina.

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