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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 20

~ARTEM~

—¿Estás seguro de que quieres ir tú?

Levanté la vista hacia Maksim desde los documentos que tenía frente a mí y supe de inmediato que aquella pregunta no era tan inocente como pretendía hacerla sonar.

Estábamos en su despacho revisando los últimos detalles de las negociaciones con León Valdés, los mismos acuerdos que me habían obligado a pasar demasiado tiempo en Sinaloa apenas unos días atrás, y desde que mencioné que pensaba regresar personalmente, Maksim llevaba observándome con esa expresión que utilizaba cuando algo no terminaba de cuadrarle y no podía culparlo.

Yo mismo había dejado bastante claro en más de una ocasión cuánto detestaba México, el calor, las carreteras interminables y la forma tan extraña en la que hablaban los mexicanos.

Bajo cualquier otra circunstancia habría aceptado encantado la posibilidad de enviar a alguien en mi lugar. El problema era que aquella vez tenía una razón bastante más importante para volver y nada tenía que ver con León Valdés o los asuntos de la Bratva.

—Estoy seguro —respondí.

Maksim apoyó la espalda contra el sillón y me estudió con los ojos entrecerrados.

—Podría mandar a Denis.

Negué antes incluso de que terminara de plantearlo.

—No.

—¿No?

—No está preparado para negociar con Valdés.

—Denis sabe hacer su trabajo.

—No dije que no sepa hacer su trabajo. Dije que no está preparado para este.

Maksim arqueó una ceja, esperando que continuara, y me obligué a mantener la expresión tranquila.

No estaba mintiendo del todo. Denis era bueno, confiable y suficientemente inteligente para manejar la mayoría de los asuntos que le encomendábamos, pero León Valdés llevaba demasiado tiempo en aquel mundo para permitir que alguien sin experiencia directa con él entrara a una sala de negociaciones creyendo que bastaba con tener cifras correctas delante.

—Yo ya sé cómo manejar a Valdés —expliqué—. Sé cuándo está intentando presionar, cuándo simplemente está tanteando hasta dónde puede llegar y cuándo realmente tiene intención de levantarse de la mesa. Además, soy el que mejor habla y entiende español entre nosotros.

Maksim tamborileó los dedos sobre el escritorio.

—Puede aprender.

—No durante una negociación que ya está casi cerrada.

—Entonces podrías explicarle antes de enviarlo.

—También podría ir yo y terminar de una maldita vez.

Sus ojos se afilaron ligeramente.

M****a.

Aquella insistencia estaba empezando a sonar demasiado interesada incluso para mis propios oídos.

La verdadera razón no tenía nada que ver con Valdés ni la capacidad de Denis para cerrar el trato.

Hacía días que pensaba en Herminia más de lo que estaba dispuesto a admitir, incluso conmigo mismo. Había hablado con ella por teléfono, sabía que la doctora Robles estaba pendiente de su recuperación y sabía también que se encontraba a salvo dentro del departamento, pero ninguna de esas cosas conseguía impedir que quisiera verla con mis propios ojos.

Quería comprobar yo mismo que todo estuviera bien y que ella no corriera ningún peligro.

Pero nada de eso podía decírselo a Maksim.

—Bien —dijo finalmente—. Entonces mandaré a Denis contigo.

—No.

Mi respuesta salió demasiado rápido y Maksim se quedó mirándome.

Yo también me escuché.

—¿Qué problema tienes ahora con Denis? —preguntó.

—Ninguno.

—Entonces irá contigo.

—No es necesario.

—Artem, vas a México a negociar con un cartel. No estás yendo de vacaciones.

—Precisamente por eso no necesito llevar a alguien que solo va a estorbarme.

Maksim dejó de mover los dedos.

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