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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 21

~MAKSIM~

El jardín estaba en calma, pero mi cabeza no lo estaba. Caminaba junto a Artem repasando cada punto de seguridad, cada rotación de los hombres, cada detalle que pudiera convertirse en una grieta si no se vigilaba lo suficiente.

Iba dando órdenes mientras avanzábamos, sin detener el paso, sin dejar espacios para errores, porque en una situación como la que se estaba gestando, cualquier descuido se pagaba caro. Mis hombres respondían con rapidez, asentían, se movían, y todo seguía el curso que yo marcaba.

Entonces, mi atención se desvió. No por distracción. Por irritación.

Giré la cabeza apenas y las vi. Mila y Alessia estaban en la zona de la piscina, recostadas con una tranquilidad que no encajaba en absoluto con el momento, hablando y riendo como si fueran amigas de toda la vida, como si no existiera ninguna diferencia entre ellas, ni ningún motivo para mantener distancia.

Entrecerré los ojos, sintiendo cómo algo se tensaba dentro de mí, una incomodidad que no tenía que ver con lo que decían, sino con lo que implicaba esa cercanía.

No me gustaba. Estaba seguro de que Alessia Cardinale no hacía nada sin una intención, y esa facilidad con la que se había integrado en mi casa, en mis espacios y, peor aún, en la vida de Mila, no era algo que estuviera dispuesto a ignorar.

—Maksim.

La voz de Artem llegó a mi lado, pero no respondí. Seguía observándolas, midiendo gestos, distancias, la forma en que Mila se inclinaba hacia ella mientras hablaban, como si realmente confiara.

—Maksim.

Volví la vista hacia él, molesto.

—¿Qué?

—Te estoy hablando —dijo con calma—. ¿Qué miras tanto?

Señalé apenas con la barbilla hacia la piscina.

—Eso.

Artem siguió mi mirada y luego volvió a mí.

—¿Ya te enamoraste de la italiana?

Lo fulminé con los ojos.

—No digas estupideces.

—Entonces, ¿qué es?

—Esa cercanía —respondí—. No me gusta. ¿Qué tal y esa italiana le está pasando información sobre mis movimientos a su padre y todo esto del matrimonio no fue más una pantalla para infiltrarse y ahora usa a Mila como puente de información?

Artem observó un segundo más.

—Quizá solo se llevan bien.

Negué.

—No lo creo. No confío en ella. No confío en nadie más que en la gente de la Bratva Volkov.

—Tal vez estás siendo demasiado drástico —dijo.

Negué con la cabeza y levanté mi mano hacia él. No iba a quedarme mirando como un idiota.

—Espera.

Me separé de Artem y avancé hacia ellas, sin llegar a invadir su espacio, deteniéndome a unos metros, lo suficiente para hacerme notar sin integrarme en esa escena que claramente no me incluía y para que Alessia Cardinale no escuchara lo que tenía que decir.

—Mila.

Ella levantó la cabeza de inmediato y volteó a mirarme.

—¿Sí?

—Ven.

Se incorporó sin prisa y caminó hacia mí, relajada, como si no hubiera nada fuera de lugar en la situación. Se detuvo frente a mí, sosteniéndome la mirada.

—¿Qué quieres, Maksimta?

Lancé una mirada rápida hacia Alessia, que seguía observándonos desde su sitio, y volví a centrarme en Mila.

—¿De qué tanto hablas con ella?

Mila arqueó una ceja.

—Cosas de mujeres.

Entrecerré más los ojos.

—¿No le has contado nada sobre mí? ¿Nada de mis asuntos?

Negó con la cabeza.

¿QUIÉNES SON? 1

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