~ARTEM~
—Hay una condición más.
Miré a León Valdés con una paciencia que empezaba a costarme mantener. Llevábamos suficiente tiempo negociando aquellas rutas como para que cada vez que escuchara la palabra «condición» me dieran ganas de levantarme de la mesa y mandarlo todo al carajo.
Habíamos ajustado porcentajes, responsabilidades, puntos de entrega y prácticamente cada detalle que podía retrasar el acuerdo; aun así, Valdés parecía encontrar siempre una nueva manera de impedir que finalmente estampáramos las firmas y eso ya se estaba volviendo un puto grano en el culo.
—¿Cuál? —pregunté.
Valdés se acomodó en su asiento y apoyó los antebrazos sobre la mesa.
—Exclusividad.
Entrecerré los ojos y juro que deseé poder patearle el apestoso culo.
—Si el Cártel Valdés va a poner sus rutas, sus contactos y sus hombres para que ustedes puedan moverse por México y bajar hacia Centroamérica, quiero garantías de que la Bratva Volkov no va a sentarse mañana con otro cartel mexicano a negociar exactamente lo mismo.
—No tenemos intención de hacerlo.
—Entonces no debería ser ningún pinche problema dejarlo por escrito.
Eso, por sí solo, no era especialmente complicado. Podía discutirlo con Maksim, definir límites y agregar una cláusula que protegiera a ambas partes sin comprometer nuestros intereses fuera de la zona de Valdés.
—Puedo considerar exclusividad dentro de tu territorio —respondí—. No voy a comprometer operaciones de la Bratva en todo México por este acuerdo.
Valdés asintió despacio.
—Me parece justo.
Lo observé durante unos segundos, esperando. Lo conocía lo suficiente para saber que aquello no era todo.
—¿Y qué más?
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—Sabía que no eras pendejo, ruso.
—Llevamos semanas con esto y cada vez que parece que terminamos sacas otro maldito pero.
Valdés soltó un resoplido divertido.
—Así son los negocios, Sokolov.
—No. Así eres tú.
—Puede ser, pero no hay nada que un buen tequila no resuelva.
—Mejor habla de una puta vez —lo apresuré.
Su expresión volvió a endurecerse.
—Quiero respaldo si Montalvo intenta interferir con las rutas.
Mi irritación disminuyó lo suficiente para prestar atención.
—¿Qué clase de respaldo?
—El necesario. Si Ezequiel Montalvo toca una operación que forme parte de este acuerdo, los Volkov no van a lavarse las manos diciendo que es un problema entre carteles mexicanos.
Me recosté ligeramente en la silla dándome cuenta del verdadero obstáculo.
—Me estás pidiendo que cualquier ataque de Montalvo contra tus intereses se convierta automáticamente en un problema de la Bratva.
—Estoy diciendo que si hacemos negocio juntos, protegemos el negocio juntos. No quiero cargar con ese pedo yo solo.
—Eso ya no es una cláusula comercial, Valdés. Me estás pidiendo una alianza.
León se encogió de hombros con calma.
—Llámalo como quieras. Por acá las cosas funcionan así y se llama cuidar mi inversión.
Lo miré durante unos segundos sin responder. No podía aceptar algo así por mi cuenta y él lo sabía.
Una cosa era garantizar cargamentos y proteger rutas en las que ambos tuviéramos participación; otra muy diferente era comprometer a la Bratva a respaldar al Cártel Valdés cada vez que apareciera Ezequiel Montalvo. Eso podía arrastrarnos directamente a una guerra territorial que no nos pertenecía.
—No voy a aceptar eso sin hablar con Maksim.
—No esperaba que lo hicieras.
—Entonces sabes que esto vuelve a aplazar el acuerdo.
—Lo sé.
Apreté la mandíbula.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...