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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 211

~ALESSIA~

El piloto anunció que en pocos minutos aterrizaríamos en Chicago y, casi por instinto, bajé la vista hacia mi mano izquierda.

Una sonrisa apareció en mis labios al contemplar el anillo que descansaba en mi dedo. Era perfecto: elegante, imponente y absolutamente perfecto.

El aro de platino sostenía un diamante talla esmeralda de un brillo limpio y profundo, flanqueado por dos diamantes más pequeños en forma de trapecio que hacían resaltar todavía más la piedra central. No era una joya recargada ni ostentosa; era refinada, poderosa y tan hermosa que parecía hecha para permanecer en mi mano desde siempre. En la parte interior del aro, grabada con una caligrafía impecable, había una sencilla frase en ruso que cada vez que leía conseguía acelerar mi corazón.

«Моя навсегда»

(Mi mujer para siempre)

Todavía era capaz de recordar el momento en que Maksim había tomado mi mano durante nuestra luna de miel para colocármelo. Después llegaron las palabras que nunca pronunció el día de nuestra boda.

No fueron los votos tradicionales que cualquier sacerdote habría esperado escuchar. Fueron promesas hechas únicamente para mí, tan sinceras que terminaron arrancándome unas lágrimas que él todavía seguía disfrutando recordarme.

Levanté la vista hacia él.

Maksim estaba sentado frente a mí, completamente concentrado en la pantalla de su teléfono. Sus dedos se movían con rapidez sobre el teclado y, en cuanto notó que lo observaba, inclinó ligeramente el dispositivo para impedir que pudiera ver lo que estaba escribiendo.

Entrecerré los ojos con recelo.

Llevaba varios días haciendo exactamente lo mismo.

Cada vez que recibía un mensaje, apartaba el teléfono. Si yo me acercaba, bloqueaba la pantalla. Incluso había llegado a salir un par de veces de la habitación para responder llamadas y cuando le preguntaba con quién hablaba, decía que con Artem.

Al principio no le di importancia. Ahora empezaba a resultarme sospechoso y me preguntaba si es que ya me estaba engañando con otra... tan pronto.

«Maldita. Quien fuera, la iba a matar.»

—¿Qué haces? —le pregunté.

Sin levantar la cabeza, respondió con absoluta naturalidad.

—Nada.

Resoplé.

—Maksim Volkov, llevas días actuando raro con ese teléfono.

Ahora sí levantó la vista.

—¿Raro?

—Sí. Siempre escondes el teléfono cuando me acerco. Parece que no quieres que vea lo que estás haciendo.

Una sonrisa divertida apareció en sus labios.

—Porque no quiero que lo veas.

Parpadeé.

—¿Me estás escondiendo algo? ¿Acaso estás sexteando con otra?

—No seas tonta. No estoy sexteando con nadie, pero sí te estoy escondiendo algo.

Su respuesta fue tan directa que me dejó desconcertada.

—¿Y piensas decirme qué es?

Negó despacio.

—Es una sorpresa.

Solté una risa incrédula.

—¿Qué sorpresa?

Guardó el teléfono en el bolsillo de la chaqueta y se puso de pie cuando el avión comenzó a descender.

—Lo sabrás cuando lleguemos a casa, moya Koroleva.

[...]

Cuando el avión aterrizó en la pista privada de la Bratva, Artem ya nos esperaba al pie de la escalerilla del avión.

—Bienvenidos a casa.

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