~ARTEM~
Me quedé mirándola con la mano todavía cerrada alrededor de su muñeca y la sartén suspendida a pocos centímetros de mi cabeza, intentando decidir qué carajos acababa de pasar.
Había entrado al departamento esperando encontrarla quizá acostada, viendo alguna de esas novelas que tanto le gustaban, o moviéndose con las muletas que Mariana le había llevado, pero definitivamente no esperaba que saliera de detrás de una pared dispuesta a partirme el puto cráneo con una sartén de hierro.
Mina me observó durante un segundo con los ojos todavía abiertos por el susto y después soltó el aire de golpe, como si hasta ese momento hubiera estado conteniéndolo.
—¡Pinche güero! —exclamó, llevándose la mano libre al pecho—. ¡Qué chingado susto me acabas de dar!
La miré incrédulo.
—¿Qué diablos te pasa? —solté, bajándole el brazo para apartar la sartén de mi cabeza—. ¿Por qué carajos me atacas?
Ella me miró como si acabara de preguntar algo totalmente absurdo.
—Pos porque pensé que eras uno de los hombres del Ezequiel. —Su respiración seguía acelerada y la manera en que lo dijo dejó claro que la posibilidad había sido completamente real para ella—. O un pinche ladrón, qué sé yo. Escuché que alguien estaba abriendo la puerta y pensé que ya me habían encontrado y venían por mí.
Fruncí el ceño.
—¿Y no se te ocurrió que podía ser yo?
Herminia me miró como si la pregunta fuera estúpida.
—¿Cómo chingados iba a saber que eras tú si nunca me dijiste que ibas a llegar hoy?
Abrí la boca, pero no encontré nada que rebatirle porque, técnicamente, tenía razón.
Le había dicho que regresaría a Sinaloa, pero no cuándo exactamente, porque quería darle una sorpresa, pero no este tipo de sorpresa por supuesto. Aun así, miré la sartén que todavía sostenía en la mano y negué con la cabeza.
—¿Y por qué m****a ibas a atacarme con una sartén? ¿No se te ocurrió agarrar un cuchillo?
Herminia bajó los ojos hacia el arma improvisada y después volvió a mirarme.
—Claro que sí, pero el cuchillo más cercano estaba lejos y no me iba a dar tiempo de llegar hasta él. Agarré lo primero que vi.
—Una sartén.
—Sí, una sartén.
—Blyat —murmuré, observándola—. ¿No había nada mejor?
—Pos no. Además, vi Enredados y Rapunzel les dio unos buenos chingadazos con una sartén a unos tipos peligrosos que la querían secuestrar para llevarla con la loca de su madrastra y ella los dejó bien madreados.
No pude evitar reírme.
La miré otra vez, convencido de que debía haber entendido mal.
—¿Decidiste defenderte y atacar con algo que viste en una telenovela?
Su rostro cambió de inmediato, como si yo hubiera dicho una blasfemia.
—¡No era una telenovela!
—Lo que sea.
—Es una película de Disney —me corrigió, claramente ofendida por mi ignorancia—. ¿Nunca has visto Enredados?
La miré contrariado.
—Por supuesto que no.
Herminia entrecerró los ojos, como si eso fuera mucho más grave que haber intentado golpearme.
—¿Neta?
—Sí, neta, o como sea que digan ustedes. —Negué con la cabeza—. No soy un hombre al que le sobre el tiempo como para perderlo viendo la televisión.
—Qué aburrida es tu vida eh, güero.
Suspiré un poco irritado.
—Creo que será mejor buscarte algo más productivo que hacer para que dejes de ver tanta televisión.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...