~MINA~
Artem soltó una carcajada tan fuerte que aparté la taza de café de mis labios y giré la cabeza hacia él completamente indignada.
Estábamos desayunando frente al televisor porque después de tanto insistir finalmente había conseguido que aceptara ver conmigo una novela, convencida de que bastaría un capítulo para demostrarle que no eran aquella pérdida de tiempo absurda que él aseguraba que eran.
Hasta ese momento había permanecido bastante callado, comiendo mientras observaba la pantalla con una expresión que no me permitía saber si estaba entretenido o simplemente esperando que aquello terminara, pero justo cuando la escena se había puesto dramática y Marimar estaba sufriendo, al muy desgraciado le había dado un ataque de risa.
—¿De qué te ríes? —le pregunté, frunciendo el ceño—. Es un momento dramático, no uno cómico.
Artem intentó contenerse, aunque todavía tenía una sonrisa enorme en el rostro.
—Porque esto es ridículo.
Abrí la boca, ofendida.
—¿Cómo puedes llamar ridículo al sufrimiento de la pobre Marimar?
—Mexicana, ¿quién se desmaya solo porque una piedra le cae en el pie?
Volví la mirada hacia el televisor y durante un instante no encontré cómo defender aquello. Bueno... quizá, visto de esa manera, sí sonaba un poquito exagerado. Bastante, en realidad. Pero ni loca iba a darle la razón después de haberme pasado días intentando convencerlo de que las novelas eran entretenidas.
—Pues quizá sintió un chingo de dolor —repliqué, tomando mi taza con toda la dignidad que pude reunir.
Artem dejó de sonreír. Me miró con seriedad durante unos segundos antes de señalar mi pierna con un movimiento de la cabeza.
—Tú sabes perfectamente lo que es sentir dolor de verdad. Lo que viviste con Montalvo y lo que tuviste que pasar para salir de ahí seguramente te hizo sentir cosas mucho peores que una piedra cayéndote en el pie.
Mi sonrisa desapareció poco a poco. No porque quisiera regresar mentalmente a todo aquello, sino porque tenía razón y la comparación consiguió que la escena de la televisión perdiera de inmediato cualquier dramatismo.
Bajé la mirada hacia mi café y moví lentamente la cuchara dentro de la taza.
—Pos sí —admití—. Es cierto. Hay dolores mucho más insoportables. Y ni siquiera tienen que venir de un golpe para que sientas que te están partiendo en dos. Uno puede estar sintiendo que se le está rompiendo todo por dentro y no por eso se anda desmayando como en las novelas nada más para meterle más drama.
Apenas terminé de decirlo, aquel doloroso recuerdo apareció con una claridad que me hizo apretar los dedos alrededor de la taza.
Seis años atrás había conocido exactamente ese tipo de dolor. Uno que no había dejado moretones sobre mi piel ni sangre en mi cuerpo, pero que había sido mucho peor que cualquier golpe que Ezequiel hubiera podido darme.
Todavía podía recordar la sensación de tener entre las manos lo más valioso que había tenido en mi vida y después sentir cómo él me lo arrancaba, llevándose algo de mí que jamás había conseguido recuperar.
Tragué saliva y levanté los ojos hacia Artem.
Él seguía viéndome, completamente ajeno a lo que acababa de cruzar por mi cabeza.
Durante aquellos días me había demostrado que su ayuda no llevaba escondida ninguna condición, que no intentaba aprovecharse de mí y que, aunque perteneciera a un mundo que debería haberme hecho desconfiar inmediatamente de él, su manera de tratarme era completamente distinta a la de los hombres que había conocido junto a Ezequiel.
Aun así, contarle aquello era diferente. Era abrir una parte de mí que había mantenido cerrada durante seis años, una herida que ni siquiera sabía cómo explicar sin sentir que volvía a romperse.
Debí quedarme mirándolo demasiado tiempo porque Artem frunció el ceño.
—¿Qué pasa?
Bajé los ojos hacia la taza y le solté lo primero que cruzó por mi mente.
—¿Por qué los hombres que están metidos en el narcotráfico son tan malos?
La pregunta pareció sorprenderlo.
—¿Yo te parezco un hombre malo?
Lo miré nuevamente.
—Has matado, ¿no?
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...