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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 25

~MAKSIM~

Artem llevaba varios minutos hablando. Lo sabía.

Podía ver sus labios moverse, escuchar su voz de fondo, constante, estructurada, precisa como siempre… pero no estaba prestando atención. Mi mente estaba en otra parte, atrapada en algo que no tenía sentido, que no encajaba, que no debería importarme y, sin embargo, no dejaba de regresar una y otra vez al mismo asunto. O mejor dicho, al mismo nombre: Alessia Cardinale.

Su voz, su forma de desafiarme, de sostenerme la mirada como si no le importara quién era yo, como si no entendiera lo que significaba ponerse en mi contra… o peor, como si lo entendiera perfectamente y aun así lo hiciera.

Pensé en cómo me había respondido, en cómo me había llamado bestia bruta sin dudar, en cómo se sacudía mi mano cada vez que la tocaba como si yo no tuviera ningún derecho sobre ella.

Y luego estaban los malditos comentarios que habían hecho mis hombres ayer.

Esos dos idiotas hablando de sus tetas como si fueran… como si fueran algo digno de mirar. Como si fueran algo que les despertara interés.

No tenía sentido. No entendía qué demonios le veían.

Y lo que menos entendía… era por qué me había importado a mí y había armado semejante escándalo, hasta el punto de ir a reclamarle y hacerla sentir importante.

Solo de pensarlo me enfadaba conmigo mismo.

—Maksim.

La voz de Artem cortó el hilo de mis pensamientos y parpadeé, volviendo al presente.

—¿Qué?

Artem me miró con esa expresión suya, neutra, pero claramente evaluando.

—Llevo hablándote hace rato y no me estás escuchando.

—Sí lo hago —mentí.

—¿Ah? ¿Entonces, eso significa que escuchaste lo que te pregunté?

Parpadeé y volví a mentir:

—Sí.

—Entonces, ¿qué piensas?

Lo miré un segundo.

Y en lugar de responderle lo que esperaba, solté lo primero que seguía rondando en mi cabeza.

—¿Qué le verán?

Artem frunció el ceño.

—¿Qué? ¿De qué hablas?

—De Alessia —respondí, como si fuera bastante obvio—. ¿Qué le verán los hombres como para decir lo que dijeron ayer? Si no es más que una gorda.

Artem me sostuvo la mirada unos segundos, claramente contrariado.

—No tengo idea —dijo al final, algo más cortante de lo habitual—. ¿Podemos volver a lo importante, que es el trabajo?

Me pasé una mano por la frente, exasperado conmigo mismo.

—Sí… tienes razón. Debemos trabajar y a mí no me interesa ese asunto.

Tenía que dejar eso. No era relevante. No era importante. No debía serlo.

—En lo único que debería pensar es en lo que realmente importa —murmuré.

Artem asintió y retomó el tema como si no hubiera interrupción.

—Ahora que nuestras relaciones con los italianos son estables, ¿te parece bien si empezamos a negociar con los turcos, trasladando la mercancía por su territorio?

Suspiré y asentí. Pero, sin que yo lo buscara, mi mente volvió a lo mismo.

—¿Crees que una mujer como ella puede atraer a los hombres?

Artem resopló, claramente perdiendo la paciencia.

Se pasó una mano por el rostro y dejó los papeles sobre la mesa, apartándolos con un movimiento seco. Luego se acomodó en la silla, cruzando una pierna con un gesto deliberadamente exagerado.

—De acuerdo —dijo con sarcasmo—. Parece que los negocios no te importan en este momento. Hablemos de eso que claramente es más importante para ti.

Asentí sin problema.

Artem soltó una risa corta, negando con la cabeza.

—Era un chiste —añadió—, pero visto que lo tomaste en serio y que realmente quieres sacarte la espinita… hablemos.

—Contesta la pregunta.

Me miró con atención.

¿QUÉ LE VEN? 1

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