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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 35

~ALESSIA~

La adrenalina seguía recorriéndome el cuerpo cuando crucé las puertas de la casa, como si aún estuviera sobre aquella barra, bajo las luces, con la música vibrándome en los huesos y todas esas miradas clavadas en mí. Pero no eran esas miradas las que me importaban. Era la suya. La forma en que me miró. La forma en que perdió el control. La forma en que dejó de ser ese hombre frío, calculador e inquebrantable… para convertirse en algo mucho más primitivo, mucho más peligroso. Mucho más mío.

Una sonrisa se dibujó en mis labios sin que pudiera evitarlo.

Había ganado terreno.

Y no cualquier terreno.

El más importante.

Maksim Volkov ya no me veía como una gorda que le repugnaba. Me veía como una mujer. Como una mujer que deseaba. Como una mujer que podía hacerlo perder la cabeza.

Y eso… eso lo cambiaba todo.

Pero junto a esa satisfacción, a ese orgullo que me inflaba el pecho, también había otra cosa. Una más intensa. Más traicionera.

Un cosquilleo caliente que aún me recorría la piel al recordar sus manos, su boca, la forma en que me sostuvo y su boca me devoraba.

Tuve que apretar ligeramente los labios para contener un suspiro. No había sido fácil rechazarlo. Ni un poco y Dios sabe que es así.

Por poco y no lo logro, porque mi cuerpo había querido seguir. Había querido más. Mucho más.

Entregarme a él y dejar que me hiciera todo lo que se le antojase.

Pero no podía permitírmelo.

No después de todo lo que me había hecho. No después de cómo me había tratado.

No iba a entregarme así como así. No iba a dejar que creyera que me tenía ganada con una simple follada en un club mugriento, como a cualquiera de las prostitutas a las que está acostumbrado.

No.

Si quería tenerme… iba a tener que merecerlo.

—¡Alessia!

La voz de Mila me sacó de mis pensamientos. Apenas había dado unos pasos dentro de la casa cuando ella apareció casi corriendo hacia mí, con los ojos brillantes de emoción y curiosidad.

—¡Dios mío, cuéntamelo todo! —me dijo, tomándome del brazo y tirando de mí hacia la sala—. ¿Fuiste al club? ¿Lo viste? ¿Qué pasó?

Solté una risa suave, dejándome arrastrar por ella mientras caminábamos juntas, su energía contagiosa arrancándome otra sonrisa.

—Sí, lo vi.

Sus ojos se agrandaron.

—¡Lo sabía! —exclamó—. ¡Sabía que iba a pasar algo! Dime, dime todo. Cada detalle,o si no no podré dormir tranquilamente.

Me dejé caer en uno de los sofás, cruzando las piernas con elegancia, mientras ella se acomodaba a mi lado, girando el cuerpo completamente hacia mí como si nada más en el mundo importara en ese momento.

Y entonces empecé.

Le conté cómo lo encontré en el área VIP, rodeado de mujeres como si fueran decoración, cómo ni siquiera me miró al principio… y cómo eso me dio exactamente lo que necesitaba para actuar.

Mila me escuchaba con una atención casi infantil, llevándose una mano a la boca en ciertos momentos, soltando pequeñas exclamaciones ahogadas cuando la historia empezaba a subir de tono.

—No me digas que… —murmuró, inclinándose más hacia mí.

—Me subí a la barra —confirmé, alzando ligeramente una ceja, disfrutando su reacción.

—¡Alessia! —jadeó, entre escandalizada y fascinada.

—Y no solo eso —continué, apoyando el codo en el respaldo del sofá—. Había hombres por todas partes. Mirando. Vitoreando. Uno incluso subió conmigo.

Sus ojos casi se salen de las órbitas.

—¿Y Maksim?

Sonreí lentamente.

—Se volvió loco.

La forma en que lo dije la hizo estremecerse de emoción.

—Bajó disparando al aire —añadí con calma, como si no hubiera sido un completo caos—. Hizo que todos salieran corriendo.

—¡Ese es mi hermano! —dijo, llevándose una mano al pecho, claramente encantada… aunque intentara disimularlo.

—Luego me bajó de la barra —seguí—. Literalmente. Me cargó como si fuera un saco de papas.

Mila soltó una carcajada.

—Eso también suena a él.

UNA TIENE QUE SER ASTUTA 1

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