~MAKSIM~
Con la misma velocidad que un rayo ilumina el cielo, solté el mechón de su cabello y me metí la polla dentro de los pantalones.
Sobresaltado y avergonzado por haber sido descubierto en semejante posición, e eché hacia atrás y caí de culo al suelo.
M****a. Quería que la tierra me tragara y que me escupiera lo más lejos posible, para poder ocultarne de ella.
Antes de que pudiera retroceder para esconderme como un maldito cobarde, ella se giró en la cama con una calma que me descolocó más que si me hubiera gritado a la cara lo enfermo que estaba.
Se apoyó en un codo, su cabello cayendo sobre su hombro, y con un gesto lento y deliberado estiró el brazo para encender la luz.
La claridad me golpeó de frente, dejándome expuesto como el maldito idiota que era, tirado junto a su cama, con la respiración pesada y la culpa clavándome en el pecho.
Sus ojos se fijaron en mí, despiertos, conscientes… demasiado conscientes.
—Así que… —murmuró, con esa voz suya que siempre parecía cargar una intención detrás—. ¿Hasta cuándo piensas seguir con esto?
No respondí de inmediato. No porque no quisiera, sino porque no tenía una respuesta que no sonara ridícula, patética o directamente inaceptable.
Me limité a tensar la mandíbula, sosteniendo su mirada como si eso pudiera devolverme algo del control que claramente había perdido.
—¿De qué hablas? —gruñí finalmente, aunque ambos sabíamos que era una mentira pobre y estúpida.
Había sido sorprendido por ella en pleno acto y no había forma de negarlo, pero tenía que encontrar una excusa, algo, cualquier cosa que no me dejara como el desquiciado pervertido que se metía a su habitación a hurtadillas a verla dormir y pajearse mientras lo hacía.
Ella alzó una ceja, sin molestarse siquiera en ocultar el escepticismo.
—Déjate de tonterías, Maksim. Tú sabes muy bien de qué hablo.
Parpadeé mientras mi mente trabajaba a la velocidad de la luz intentando buscar una excusa, pero por más que me esforzara no iba a encontrar nada, así que solo pude hacer la única cosa que podía: seguir haciéndome el pendejo.
—En serio te lo digo... no sé de qué hablas.
Como era de suponerse... se rio en mi cara.
—Pakhan, en el mundo en el que nosotros nos movemos es imposible no dormir con un ojo abierto y una pistola debajo de la almohada para defendernos de cualquier ataque.
Metió la mano bajo su almohada y sacó una pistola de allí, encogiéndose de hombros.
—Yo nunca he podido dormir profundamente y ante el más mínimo respiro que no sea mío me despierto...
También le di un encogimiento de hombros, porque seguir actuando como un pendejo me parecía la idea más inteligente.
—Llevo tres noches despertándome contigo aquí —continuó, acomodándose un poco mejor, sin apartar la mirada de mí—. Tres noches fingiendo que duermo, mientras tú me miras como si fueras un ladrón, o algo peor... por lo que haces mientras me miras.
Mi estómago se tensó.
Tres noches. No solo esta. No dos. Todas.
Y ella fingiendo que duerme, mientras yo...
Me incorporé sobre mis rodillas, inclinándome hacia la cama, sintiendo esa mezcla de rabia y excitación a partes iguales, justo lo que su insolencia provocaba en mí.
Cada maldita parte de mí quería atacarla como un animal en celo. Acorralarla contra la cama, arrancarle el puto camisoncito y follarla hasta quedarme seco.
—No te va a gustar provocarme —gruñí.
Ella rio.
—¿Ah, no?
Se apoyó en sus manos y se incorporó, girando su cuerpo para quedar sentada frente a mí. Nuestros rostros a escasos centímetros, frente a frente y respirando el mismo aire que parecía estar entrando en combustión. Nuestros muslos rozándose y sus tetas enormes y tentadoras, apenas cubiertas bajo el escote de su camisón, tan cerca de mi boca.
—¿Y qué es lo que vas a hacer? —murmuró, viéndome a los ojos con esa expresión altanera que tanto me desquiciaba—. ¿Vas a volver a sacarte la polla y te vas a masturbar como el maldito enfermo depravado que eres?
Apreté con más fuerza mi mandíbula y mis dientes, tratando de contenerme, pero el deseo fue más fuerte, más intenso y más devastador.
Un dolor peligroso se enroscó en mi entrepierna y ya no pude contenerme más. La última parte de mi autocontrol se rompió, desatando a la bestia dentro de mí.
Levantando mis manos, las enterré en su cabello hasta que mis dedos se enroscaron en sus hebras para sujetarla a mi voluntad, y tiré de su cabeza hacia atrás.
Ella dejó escapar un gemido cuando su mirada se encontró con la mía, no con la ira que había estado anticipando, sino con un destello de excitación que provocó que mi sangre chisporroteara en mis venas.
Antes de que pudiera anticiparlo, aplasté mi boca en la suya. El beso fue caliente, duro y exigente desde el momento en que mis labios tocaron los de ella, y mi lengua se arrastró profundamente hacia el interior de su boca para saquear y devorar.
Ella gimió y envolvió sus manos alrededor de mis bíceps, como si necesitara algo a lo que aferrarse mientras yo seguía manteniendo mi boca en la suya y la empujaba hacia la cama, cayendo sobre ella.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...