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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 49

~ALESSIA~

Llegué al comedor con la misma determinación con la que había salido de mi habitación minutos antes, con la mente enfocada y las emociones perfectamente contenidas en su lugar. Mila y Artem ya estaban allí, sentados y conversando con tranquilidad, como si el mundo no estuviera a punto de arder por varios frentes al mismo tiempo.

De Maksim no había ni rastro, lo cual no me sorprendió en lo más mínimo. Después de lo ocurrido la noche anterior, era bastante evidente que preferiría evitarme antes que enfrentarse a mí, sobre todo si eso implicaba sostener una conversación en la que no tendría el control.

—Buenos días —saludé con naturalidad mientras me acercaba.

—Buenos días —respondieron ambos casi al mismo tiempo.

Mila me dedicó una sonrisa cálida y se inclinó ligeramente hacia mí, observándome con ese gesto suyo tan expresivo.

—¿Cómo estás? —preguntó, con genuina preocupación—. ¿Ya no tienes dolor de cabeza?

Tomé asiento frente a ellos, acomodándome con calma antes de responder.

—Un poco —admití, llevándome la mano a la sien con un gesto leve—, pero nada que no se pueda manejar. Es solo un pequeño malestar porque no he dormido bien estas noches.

—Oh, ¿será que extrañas tu cama y tu habitación? —preguntó Mila, ignorante de las verdaderas razones detrás—. ¿No te gustaría buscar otra habitación? Una en la que te sientas más cómoda quizá.

Le dediqué una sonrisa amable.

—No te preocupes. No es eso.

Artem me observó con atención, como si intentara leer algo más allá de mis palabras, pero no dijo nada al respecto. Mejor. No estaba de humor para análisis innecesarios.

Tomé la servilleta y la coloqué sobre mis piernas con movimientos tranquilos, manteniendo la compostura, y como si no tuviera mayor importancia, como si fuera una simple curiosidad sin peso alguno, pregunté:

—¿Y Maksim?

Artem fue quien respondió, apoyándose ligeramente hacia atrás en su silla, con ese aire relajado que siempre llevaba encima incluso cuando la situación no lo era tanto.

—Hablé con él hace un rato —dijo—. Estaba… —hizo una pausa breve, como buscando la palabra adecuada, aunque ambos sabíamos perfectamente cuál era— un poco de mal humor.

Mila soltó una pequeña risa por lo bajo.

Rodé los ojos con una pequeña sonrisa, negando levemente con la cabeza.

—Será mejor que empecemos a comer —dije, tomando la taza frente a mí— antes de que se enfríe todo.

Ambos asintieron, aún con esa expresión divertida que no se molestaban en disimular, y justo cuando estábamos a punto de empezar, una presencia en el umbral de la puerta nos hizo detenernos.

No hizo falta que dijera nada para que supiera que era él, pero aún así levanté la vista y lo miré, al mismo tiempo en que los otros dos se volteaban para mirarlo.

Maksim se quedó allí, de pie, ocupando el espacio con esa energía suya tan cargada, tan tensa, tan imposible de ignorar. Su mirada se clavó directamente en mí, ignorando por completo a los otros dos, y su expresión no dejaba lugar a dudas: seguía furioso.

—Alessia ven a mi despacho ahora —ordenó, con ese tono seco, cortante, que no admitía discusión—. Necesito hablar contigo.

No añadió nada más. No saludó. No explicó. No pidió.

Solo exigió.

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