Entrar Via

LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 77

~MAKSIM~

Irina empezó a retorcerse y a sacudirse con fuerza, como si con eso iba a poder conseguir soltarse de las cadenas que la ataban a la silla. No lo logró y eso solo la enfureció más y la hizo gritar, histérica. Después, como una completa desquiciada, empezó a reírse.

—Dices esas cosas solo porque tienes a tus matones para intimidarme. Eres valiente para enfrentarme solo porque me tienes amarrada a esta silla —escupió—. Pero si no fuera así, las cosas serían completamente diferentes. Si yo no estuviera amarrada a esta maldita silla y no estuviera en desventaja, con estos matones al lado y estos dos imbéciles —nos señaló a Artem y a mí con su barbilla— defendiéndote, ya te habría puesto dos balas entre ceja y ceja, maldita gorda asquerosa.

«No tienes al diablo si no quieres conocer el infierno, maldita Irina. No sabes de lo que estás hablando», pensé, mientras observaba la sonrisa que se dibujó en los labios de Alessia.

—¿De verdad piensas que tú podrías contra mí? —cuestionó Alessia, con ese tono irónico y lleno de una seguridad que resultaba insultante.

—Por supuesto que sí. Te aplastaría como la basura insignificante que eres —soltó Irina, aferrándose a esa rabia y arrogancia insolentes que, ingenuamente, la hacían equivocarse con respecto a la mujer que tenía delante de ella.

Las cejas de Alessia se movieron apenas y entonces asintió.

—De acuerdo —dijo—. Quiero ver eso.

Intercambié una rápida mirada con Artem, quien volteó a verme con una pregunta en sus ojos.

Tuve ganas de decirle: «Sí, Artem, hoy vas a conocer lo que esta mujer es capaz de hacer. Irina se metió con el demonio equivocado. Yo habría sido menos cruel.»

Con una simple mirada, Alessia les dio la orden a sus hombres y ellos entendieron como perros obedientes y bien entrenados. Al segundo siguiente estaban soltando las cadenas que ataban a Irina.

Irina se mostró tan desconcertada como lo estaba Artem, cuando las cadenas cayeron al suelo con estrépito y estuvo suelta. Los dos italianos se hicieron a un lado, y ya no hubo nada que obstaculizara el camino de Irina para que hiciera lo que decía.

Los segundos corrieron sin que nada pasara y Alessia se cruzó de brazos.

—¿Entonces? —murmuró, con la mirada fija en Irina—. Estoy esperando que vengas a aquí y me aplastes, tal y como dijiste.

No pude contener la sonrisa divertida que explotó en mi boca. Miré a Artem y él seguía con esa expresión en su rostro que dejaba claro que no tenía idea de qué m****a estaba pasando.

—¿Vas a venir o solamente tienes la bocota llena de mucha m****a que no puedes tragarte? —la incitó Alessia, provocándola, al ver que los segundos seguían corriendo e Irina no hacía nada.

Las manos de Irina se aferraron a los posabrazos con fuerza, mientras gruñía, mostrando sus dientes como una fiera a punto de atacar. Al segundo siguiente, brincó de la silla y se lanzó contra Alessia para atacarla.

Alessia apenas se movió, soltando sus manos, y cuando tuvo a Irina lo suficientemente cerca, extendió el puño y lo estrelló contra su rostro con la misma fuerza que un tren de carga estrellándose contra un muro de concreto.

El fuerte impacto envió a Irina atrás y al suelo. Solo entonces, Alessia se movió de su sitio y se fue contra ella sin piedad.

Se puso de pie lentamente y luego le hizo otro gesto a sus hombres. Sin perder tiempo, Nicolo y Paolo se arrodillaron a los lados de Irina y, sujetándola por los brazos, la levantaron del suelo y la volvieron a sentar en la silla.

—Agárrenla bien —dijo Alessia mientras caminaba hacia los estantes empotrados en una pared y donde habían varios artefactos dispuestos para torturar y sacar información.

Repasó cada uno con la mirada, buscando, hasta que agarró unas pinzas y unas tijeras de podar y volvió donde Irina.

—Ábrele la boca —le ordenó a Paolo.

Este sonrió y sin que se lo repitiera, cogió a Irina por la mandíbula y la nariz y, aunque la rusa intentó resistirse, el italiano le abrió la boca.

Usando las pinzas, Alessia atrapó la lengua de Irina, la sacó afuera y, luego, le cortó la lengua con las filosas tijeras de podar.

La sangre inundó la boca de Irina y sus gritos reverberaron en las paredes del sótano, mientras su cuerpo empezaba a convulsionar por el dolor.

Una sonrisa macabra tiró de los labios de Alessia cuando echó la lengua de Irina al suelo y dijo:

—Ahora sí, perra. Ya no podrás soltar más m****a por esa asquerosa boca.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO