~ARTEM~
—Por la puta m****a —gruñí, dándole un puñetazo al automóvil.
Es que solo eso me faltaba.
La mujer estaba tendida sobre el asfalto, parcialmente de costado, con el cabello oscuro extendido alrededor del rostro y una pierna doblada en un ángulo que durante un segundo me hizo pensar lo peor.
Recorrí rápidamente la distancia que nos separaba y me agaché junto a ella. No reaccionó cuando pronuncié un insulto ni cuando acerqué dos dedos a su cuello para buscar el pulso.
Lo encontré.
Era un poco débil, pero estaba viva. Además comprobé que estaba respirando, lenta y pausadamente, pero respiraba.
—Bien —susurré para mí mismo, alentándome porque ya era algo.
Deslicé la mirada por su cuerpo intentando averiguar qué había provocado el golpe. Sabía que no podía haberla alcanzado a demasiada velocidad. Había frenado antes del impacto y el coche apenas la había golpeado lo suficiente para lanzarla al suelo, pero la sangre que descendía desde algún punto cerca de la frente y le recorría la sien no ayudaba precisamente a tranquilizarme.
Aparté con cuidado algunos mechones de cabello y localicé una herida pequeña cerca de la línea del pelo. Sangraba más de lo que parecía justificar el tamaño, pero las heridas de la cabeza solían hacer eso.
No parecía tener nada roto a simple vista. Al menos nada evidente. Entonces reparé en sus pies descalzos, sucios y con pequeños cortes.
Fruncí el ceño y bajé la mirada hacia el vestido.
Estaba rasgado en varios puntos. Había tierra adherida a la tela, hojas, pequeños trozos de ramas. Sus brazos estaban cubiertos de arañazos y algunos tenían sangre todavía fresca. En una rodilla tenía una herida superficial. Había marcas más antiguas también. Un hematoma oscuro en uno de los brazos. Otro cerca del hombro. Algo que parecía la sombra amarillenta de un golpe más viejo desapareciendo bajo la piel de su mejilla y comisura de la boca.
Aquello no lo había causado mi coche.
Me quedé observándola unos segundos y analizando la jodida situación.
Una mujer descalza, con el vestido rasgado, y evidentes arañazos y moretones en su cuerpo, y que, además, salió corriendo de una zona boscosa a esas horas de la noche.
—¿De qué estabas huyendo? —pregunté, no a ella por supuesto, sino a la parte analítica de mí que resolvía putos problemas—. ¿En qué m****a te metiste?
Por supuesto, ella tampoco respondió porque seguía inconsciente.
Volví a comprobarle el pulso y pasé una mano con cuidado por la parte posterior de su cabeza. Nada me indicó una lesión evidente, aunque eso no significaba absolutamente nada. Podía tener una conmoción. Podía haberse golpeado el cráneo contra el asfalto. Podía despertar en cinco minutos o no hacerlo en varias horas.
Entonces escuché algo y levanté la cabeza, alerta ante el peligro inminente que podía estarse acercando a mí en aquella zona oscura, despoblada y solitaria.
Voces venían desde la zona boscosa.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...