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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 9

~ALESSIA~

Por un instante creí que no había escuchado bien.

La miré, sintiendo cómo la sorpresa me recorría el cuerpo de forma casi incómoda, como si mi mente necesitara unos segundos más para procesar lo que acababa de decir.

—Disculpa… ¿qué has dicho? —pregunté, sin apartar la vista de ella.

La mujer soltó una risa suave, natural, como si mi reacción le resultara completamente comprensible, y se incorporó con elegancia de la tumbona.

Tomó una bata negra de tela ligera y transparente que apenas cubría lo necesario y se la colocó con total tranquilidad, sin el menor rastro de incomodidad.

Al ponerse de pie, noté que tenía prácticamente mi misma estatura, pero ahí terminaban las similitudes entre nosotras. Todo en ella era distinto: su figura, su porte, la forma en que parecía moverse con una seguridad que no necesitaba demostrarse.

Y, en ese instante, sentí una duda leve, molesta, intentando abrirse paso en mi mente. Yo me consideraba una mujer segura de mí misma y de lo que valía, que aunque no poseyera el estándar de belleza que la mayoría quería, tenía otras cualidades que valían lo mismo o incluso más.

Pero, de vez en cuando, no lo voy a negar, me sentía inferior, como en ese momento, junto a esa belleza despampanante.

No era inseguridad.

Era… contraste.

La mujer sonrió de nuevo, esta vez con un gesto más amable, y extendió la mano hacia mí con cordialidad.

—Lo siento mucho —dijo—. Debí ir a tu habitación a presentarme formalmente, o al menos haber asistido a la boda ayer, pero Maksim no quiso que me presentara, así que no fui. Supongo que este es el momento adecuado para conocernos.

Hizo una pequeña pausa antes de añadir:

—Soy Mila Volkova, la hermana de Maksim. Y, como te dije antes, la luz de sus ojos, porque cuando nuestros padres murieron, él se hizo cargo de mí y me crió.

Parpadeé, procesando la información.

Una hermana.

No tenía idea de que tuviera una.

No había escuchado nada sobre ella, ni en los informes, ni en los rumores, ni en absolutamente nada. Y eso, en un mundo como el nuestro, no era un detalle menor.

Le estreché la mano, firme.

—Alessia Cardinale —respondí—. Es un placer conocerte.

Mila sonrió con calidez, una sonrisa que, a diferencia de la de su hermano, no tenía nada de amenazante.

—El placer es mío —dijo—. Y de verdad, lo siento por no haberme presentado antes.

Negué levemente con la cabeza.

—No te preocupes. No hay problema.

Mila pareció relajarse aún más y luego inclinó un poco la cabeza, observándome con curiosidad.

—¿Ya desayunaste?

Solté una pequeña risa sin humor.

—No. Me encontré con una de las muchachas del personal, pero no pudimos comunicarnos. Solo hablaba ruso.

Fruncí ligeramente el ceño.

—¿Y sabes cuándo va a regresar?

—No lo sé —respondió—. Y, siendo sincera, no creo que sea pronto.

—¿Por qué?

—Hablé con él hace un rato —explicó—. Me llamó para informarme que iba a volar a Moscú. Tiene asuntos urgentes que resolver allá.

La miré con atención.

—¿A Moscú?

Mila asintió.

—Así es Maksim. Puede estar aquí un momento y al siguiente ya está en otro país. Te acostumbrarás.

Asentí despacio, esbozando una leve sonrisa, pero mi mente ya estaba en otra parte.

Moscú.

Asuntos urgentes.

No necesitaba que nadie me lo confirmara para hacer la conexión.

Intuía que esos asuntos urgentes tenían que ver con el atentado de la boda.

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