~MILA~
Mi corazón dió una triple vuelta mortal, mientras miraba como ua sonrisita peligrosa bailaba en los labios de Alessia, luego de su anuncio.
Sentí que absolutamente todo mi cuerpo se tensaba.
Girarme para verlos acercarse fue una pésima idea.
Una pésima y maravillosa idea.
Porque Nicolo y Paolo Ravelli caminaban hacia nosotras con esa seguridad tranquila y peligrosa tan propia de ellos. Como dos depredadores italianos vestidos de elegancia y violencia.
Y peor aún…
Después de anoche ya sabía perfectamente cómo se veían desnudos.
Oh, Dios.
Me entró un calor terrible que se instaló entre mis piernas.
—No me mires así —susurré rápidamente hacia Alessia, sintiendo cómo mis pobres nervios se alteraban.
Ella soltó una pequeña risa divertida.
—¿Así cómo?
—Como si fueras a hacer algo muy malo.
Fingió una mueca de indignación.
—¿Yo? Nunca.
La miré con desconfianza.
No le creí absolutamente nada.
Entonces, antes de que pudiera prepararme mentalmente para enfrentarme a ellos después de lo que habíamos hecho anoche, Alessia levantó la mano y los llamó con total naturalidad.
—Nicolo. Paolo.
Abrí enormemente los ojos.
—¿¡Por qué haces eso!? —le susurré horrorizada.
Ella me miró divertida.
—¿Qué cosa?
—¡Llamarlos!
Su sonrisa se ensanchó todavía más.
—¿Qué tiene de malo?
Me mordí el labio.
—No estoy preparada para verlos a la cara después de lo de anoche.
—Pues no los mires a la cara.
—Alessia.
—Oh, Mila, no puedes huir de ellos eternamente. Además, puedes planear otra cita con ellos.
Sonrió con picardía.
—No estoy huyendo.
—Claro que sí.
Bajé la voz todavía más.
—No sé cómo actuar delante de ellos después de… ya sabes.
Alessia soltó una carcajada suave.
—Actúa normal.
—¿Normal cómo?
Ella se inclinó apenas hacia mí.
—Tal y como actuaste anoche.
Sentí que me moría.
Alessia volvió a reírse.
—Bueno… no tanto como anoche. Me basta con los detalles que me cuentas, no con verlo en vivo y a todo color.
—¡ALESSIA!
Demasiado tarde. Porque los hermanos Ravelli ya habían llegado hasta nosotras.
Ambos hicieron una ligera inclinación de cabeza hacia Alessia inmediatamente.
—Signora —saludó Nicolo con solemnidad.
—Signora —repitió Paolo.
Incluso en algo tan simple como eso podía notarse el respeto absoluto que le tenían.
Después, ambos giraron hacia mí. Y m****a. Las miradas cambiaron.
Seguían siendo respetuosas. Pero ahora había algo más debajo. Algo oscuro. Íntimo. Cómplice.
Como si compartiéramos un secreto que nadie más podía imaginar.
Y por supuesto... lo hacíamos.
—Signorina Volkova —saludó Nicolo con una pequeña sonrisa tranquila y me tomó la mano, para besarla.
Mi piel chisporroteó ante el suave tacto de sus labios.
Paolo directamente sonrió como un demonio italiano dispuesto a cometer pecados otra vez.
—Principessa.
Mi corazón prácticamente tropezó consigo mismo cuando hizo lo mismo que su hermano: besar mi mano.
—Hola —murmuré intentando sonar normal.
No soné normal. Ni un poco.
Paolo claramente lo notó porque la diversión brilló inmediatamente en sus ojos.
Ambos parecieron relajarse apenas.
Y no sabía por qué eso me afectaba tanto.
Tal vez porque hombres como ellos normalmente no preguntaban. Tomaban, dominaban y destruían.
Pero conmigo… habían sido intensos. Salvajes incluso. Y aun así habían tenido cuidado de mí. Muchísimo.
Alessia nos observó en silencio unos segundos antes de sonreír apenas.
—Creo que ustedes tres deberían dejar de mirarse así o voy a empezar a sentir que estoy interrumpiendo algo.
Paolo soltó una pequeña risa grave.
Nicolo simplemente inclinó la cabeza con elegancia.
Y luego ocurrió algo que me tomó completamente por sorpresa.
Ambos se pusieron serios nuevamente.
Muy serios.
Nicolo habló primero.
—Signora, hay algo que queremoshablar con usted.
Alessia los miró con curiosidad.
—Hablen. Los escucho.
Nicolo se tomó unos segundos antes de hacerlo.
—Nuestra lealtad le pertenece a usted y al Don Cardinale, signora.
Paolo asintió lentamente.
—Siempre será así.
Alessia sostuvo sus miradas con calma.
Entonces Paolo continuó.
—Pero ahora también queremos ofrecerle nuestra lealtad a la señorita Volkova.
Mi respiración se detuvo apenas.
Nicolo me miró directamente.
—Y juramos protegerla con nuestra vida si alguna vez fuera necesario.
El corazón me golpeó tan fuerte que sentí el impacto hasta en la garganta.
Porque no estaban hablando solo como hombres que me deseaban. Estaban hablando como hombres que ya me consideraban algo suyo para proteger.
Algo importante.
Algo valioso.
Y Dios mío…
A parte de mi hermano, nadie me había mirado jamás de esa manera.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...