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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 32

Dicho esto, señaló la ropa interior roja flotando en la sopera y chasqueó la lengua varias veces.

Aquello fue la gota que derramó el vaso para los señores Ibáñez. Con el rostro ensombrecido, fulminaron con la mirada a Isabella, luego a Otilia, y salieron del salón furiosos.

En cuanto a Otilia, ya no podía ni levantar la cabeza.

Pensó en el futuro, en las comidas familiares. Si ponían una sopera en la mesa, seguro que a todos les vendría a la mente aquella prenda de un rojo intenso. ¿Podrían seguir tomando sopa? ¿Y Otilia, tendría la cara para seguir sentada allí?

Al imaginarse la escena, Isabella no pudo evitar sonreír.

—Has conseguido que todos nos peleemos. ¿Estás contenta? —le espetó Gabriel.

Isabella, sin miramientos, le soltó otra bofetada.

—¡Primero piensa bien cómo me lo vas a explicar!

Dicho esto, le lanzó una mirada gélida a Otilia y se dio la vuelta para salir.

Los señores Ibáñez estaban justo en la puerta y escucharon el sonido de la última bofetada.

—¡Gabriel, divórciate de ella! ¡Quiero que te divorcies de ella ahora mismo! ¡En la familia Ibáñez no queremos una nuera que nos avergüence así! —gritó Raúl, fuera de sí.

«¿Divorcio?».

«Si no hubo boda, ¡cómo va a haber divorcio!».

«¿Así que el plan es engañarme con un divorcio, darme un papel y asunto arreglado?».

«¡Ni en sueños!».

Isabella estaba a punto de irse, pero sintió que aún le faltaba algo. Así que, bajo la mirada asesina de los señores Ibáñez, volvió a entrar al salón y, delante de Gabriel y Otilia, levantó las manos y volteó la mesa de un tirón.

Todos los platos, la comida, los vasos y los cubiertos cayeron al suelo con un estrépito, dejando un desastre total.

Si ella no podía comer de esa mesa, ¡nadie más lo haría!

Aquello dejó a los señores Ibáñez completamente atónitos. Gabriel y Otilia también se quedaron de piedra. Los meseros que acudieron al oír el ruido, y los clientes de los salones contiguos, asomaron la cabeza para ver el espectáculo.

Era evidente que él era el protagonista absoluto de la reunión.

—¡Esto estuvo de película! —Un joven vestido con un conjunto deportivo negro entró de repente, soltando una exclamación—. ¡Se perdieron la mejor parte de la noche! Acabo de ver un novelón en el salón de al lado. ¡Una verdadera guerrera contra los tres Ibáñez! No sé qué pasó entre ellos, ¡pero fue espectacular, me quedé helado!

Alguien preguntó entre risas:

—¿Y quién es esa guerrera de la que hablas?

—Pues a esa mujer sí la conozco. Es la gerente de proyectos de Grupo Triunfo, trabajamos juntos antes. ¡Se llama Isabella!

El hombre sentado en el lugar de honor, que jugueteaba con su copa, se detuvo y levantó la vista hacia el que compartía el chisme.

Este continuó:

—No creo que esté casada. ¡A ver quién es el valiente que se atreve con ella!

***

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