Dicho esto, Jairo colgó con rabia.
Al otro lado de la línea, Iván, una vez seguro de que habían colgado, por fin se permitió reír.
«¿Mi hijo, el que nunca muestra una emoción, se ha enfadado?».
«Sin duda, la nuera que he elegido es especial, tiene sus trucos».
«No, no solo le voy a dar la empresa a mi nuera, ¡también le voy a dar mi patrimonio personal!».
***
Cuando Isabella fue a pagar la cuenta, se enteró de que la noche anterior se había alojado en la suite presidencial. Cuando quiso pagar, la recepcionista le dijo que esa habitación era de uso exclusivo del señor Crespo y que no tenía que pagar nada.
—¿Y quién es su señor Crespo?
—Este es un hotel de Grupo Crespo, ¿no lo sabía?
Isabella frunció los labios. La verdad es que no lo sabía.
—El señor Crespo es el señor Jairo.
«¿Jairo? ¿El presidente de Grupo Crespo?».
«¿La persona a la que tanto quería conocer?».
Isabella, mientras deseaba poder viajar al pasado para darse una bofetada por su comportamiento de borracha, corrió de vuelta a la habitación y, antes de que el personal de limpieza hiciera su trabajo, recogió del bote de basura la camisa que había tirado.
La miró y pensó: «Bueno, al menos ahora tengo una excusa para ir a ver al presidente».
Claro, si es que el presidente quería verla.
***
Ya era por la tarde cuando regresó a la mansión Ibáñez. Todavía le dolía la cabeza y lo único que quería era tumbarse en la cama y dormir. Pero en cuanto entró por la puerta, le arrojaron una maleta a los pies.
Frunció el ceño y levantó la vista. Diana estaba sentada justo enfrente de la puerta, con los brazos cruzados y una expresión de furia contenida.
Manuela, la empleada, estaba a su lado y le lanzó una mirada fría, como la de una ama de llaves de la antigüedad.
—¡Todavía tienes la cara de volver!
Isabella se frotó la frente. En ese momento no tenía energías para discutir con Diana. Cogió la maleta y se dispuso a subir.
Manuela le cortó el paso, le arrebató la maleta y la volvió a tirar junto a la puerta.
—¡Hmpf! Si quieres volver a esta casa, tendrás que pedirnos perdón a todos, y de corazón.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...