—¡No te escapes! ¡Ven aquí!
El viejo, al verla saltar y temiendo que se cayera, le gritó a su hijo:
—¡Atrápala!
Jairo miró la hora. Si no fuera tan tarde y no quisiera molestar a los demás, habría llamado a la policía.
—¡Ay!
Isabella perdió el equilibrio. Jairo, temiendo que se golpeara contra los escalones de mármol y ocurriera una tragedia, corrió hacia ella. Quería sostenerla, pero sin querer tocó algo suave. Instintivamente, retiró la mano, y en ese instante, Isabella se le colgó encima.
Y por si fuera poco, su cara se estrelló contra la de él, y por pura casualidad… su boca aterrizó en sus labios.
Un fuerte olor a alcohol invadió su boca.
La cara de Jairo se oscureció aún más. Intentó apartar a Isabella, furioso, pero ella se le pegó como chicle, con la cabeza apoyada en su hombro.
—Mmm, qué rico huele…
Jairo miró a Iván con cara de pocos amigos. Iván tosió.
—Súbela… súbela a su cuarto. Yo… yo ya me voy a dormir.
Dicho esto, intentó escabullirse.
—¡Si quieres tener nietos, no puedes dejar que vuelva a beber! —le dijo Jairo a su padre.
El viejo se sorprendió.
—¿No decías que no te ibas a casar con ella? ¿Y ahora te preocupa que beba?
Jairo entrecerró los ojos.
—¿Acaso tienes otra candidata?
—La única, la mejor que he encontrado y la que creo que es perfecta para ti, es Isabella.
—¿Tengo otra opción?
—A menos que quieras que muera sin descansar en paz.
Jairo suspiró.
Pero el abuelo paterno de Isabella nunca superó la muerte de su hijo e intentó atropellar a su madre. Su padrastro, para protegerla, la empujó y el carro le rompió una pierna, dejándolo lisiado de por vida.
A raíz de eso, los padres y familiares de su padrastro empezaron a rechazar a la madre de Isabella y a ella, considerándolas de mala suerte. La madre de Isabella, por culpa hacia su padrastro, aguantó todo, y no solo ella, sino que obligó a su hija a aguantar también.
Pero los problemas se acumularon y finalmente estallaron cuando Isabella tuvo que elegir universidad.
Aurora Quintero, su madre, la amenazó con quitarse la vida si se inscribía en una escuela de Nublario, pues creía que todas sus desgracias habían ocurrido allí y debían alejarse.
Pero Isabella insistió en inscribirse en la Universidad de Nublario. No se sabe qué pensaba en ese momento, pero después de una gran pelea con su familia, se fue de casa.
Durante los siguientes siete años, madre e hija no se volvieron a ver.
Cuando Isabella tuvo el accidente de carro, Aurora ya estaba en la etapa final de un cáncer de estómago. Vino a Nublario a ver a su hija, pero no sabía del accidente. Pensó que Isabella no la perdonaba y murió con esa tristeza.
—Mamá, perdón, ¿puedes perdonarme?
Isabella lloraba desconsoladamente. Nunca se había atrevido a recordar. Solo podía seguir adelante, tratando de demostrarse a sí misma que no se había equivocado. Pero cuanto más avanzaba, más se daba cuenta de sus errores, y cuando quiso volver, ya no encontraba el camino a casa.
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...