Cuando entró a la villa, lo primero que vio fue a dos mujeres espectaculares riendo y charlando. Llevaban bikinis diminutos que apenas cubrían lo necesario, dejando ver sus encantos de forma sugerente.
Los hombres bebían junto a la alberca, rodeados también de bellezas en traje de baño que se les pegaban coquetamente o lucían sus cuerpos esculturales dentro del agua.
Isabella buscó instintivamente a Jairo con la mirada. Llevaba un abrigo negro sobre una camisa blanca y pantalones de vestir impecables, como si acabara de salir de la empresa o de una junta importante. Su expresión seguía siendo severa; aunque estaba recostado en una silla con un cigarro en la mano, no parecía en absoluto relajado.
No tenía a ninguna mujer cerca; ninguna se atrevía a acercársele.
Por el lado de Facundo, una chica intentó aproximarse, pero él la fulminó con la mirada y ella se apartó de inmediato.
Solo Thiago e Ignacio, par de coquetos, estaban ocupados «recolectando flores».
—¿Qué les pasa a ustedes dos? Tienen unas carotas que asustaron a las chicas —dijo Thiago, exasperado.
A Ignacio no le importó e incluso defendió a Thiago:
—No los presiones, ambos tienen novia.
—Tienen novia, pero eso no impide que tengan a otra mujer en la cabeza.
Ignacio chistó rápidamente para callar a Thiago, pero la frase logró molestar a Facundo, quien le arrojó un puñado de nueces a la cara.
Ignacio negó con la cabeza, resignado. Recordó que le había enviado la dirección a Isabella y se preguntó si habría venido. Volteó hacia la entrada y, al verla, dio un salto del susto.
—Tú... ¿cómo... cómo entraste?
Ante el grito de Ignacio, todos voltearon. Al ver a Isabella, todos menos Jairo se sorprendieron.
Isabella caminó con paso firme, recorrió el lugar con la vista evitando deliberadamente detenerse en Jairo y finalmente miró a Facundo.
—Vengo a buscarte a ti, los demás no me interesan —dijo.
Facundo soltó una risa fría.
—¿Floriana te mandó a rogarme que la deje en paz?
—Ella no sabe que vine, y tampoco cree que te quede humanidad suficiente para dejarla en paz.
—Hija de la...


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...