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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 590

Cuando entró a la villa, lo primero que vio fue a dos mujeres espectaculares riendo y charlando. Llevaban bikinis diminutos que apenas cubrían lo necesario, dejando ver sus encantos de forma sugerente.

Los hombres bebían junto a la alberca, rodeados también de bellezas en traje de baño que se les pegaban coquetamente o lucían sus cuerpos esculturales dentro del agua.

Isabella buscó instintivamente a Jairo con la mirada. Llevaba un abrigo negro sobre una camisa blanca y pantalones de vestir impecables, como si acabara de salir de la empresa o de una junta importante. Su expresión seguía siendo severa; aunque estaba recostado en una silla con un cigarro en la mano, no parecía en absoluto relajado.

No tenía a ninguna mujer cerca; ninguna se atrevía a acercársele.

Por el lado de Facundo, una chica intentó aproximarse, pero él la fulminó con la mirada y ella se apartó de inmediato.

Solo Thiago e Ignacio, par de coquetos, estaban ocupados «recolectando flores».

—¿Qué les pasa a ustedes dos? Tienen unas carotas que asustaron a las chicas —dijo Thiago, exasperado.

A Ignacio no le importó e incluso defendió a Thiago:

—No los presiones, ambos tienen novia.

—Tienen novia, pero eso no impide que tengan a otra mujer en la cabeza.

Ignacio chistó rápidamente para callar a Thiago, pero la frase logró molestar a Facundo, quien le arrojó un puñado de nueces a la cara.

Ignacio negó con la cabeza, resignado. Recordó que le había enviado la dirección a Isabella y se preguntó si habría venido. Volteó hacia la entrada y, al verla, dio un salto del susto.

—Tú... ¿cómo... cómo entraste?

Ante el grito de Ignacio, todos voltearon. Al ver a Isabella, todos menos Jairo se sorprendieron.

Isabella caminó con paso firme, recorrió el lugar con la vista evitando deliberadamente detenerse en Jairo y finalmente miró a Facundo.

—Vengo a buscarte a ti, los demás no me interesan —dijo.

Facundo soltó una risa fría.

—¿Floriana te mandó a rogarme que la deje en paz?

—Ella no sabe que vine, y tampoco cree que te quede humanidad suficiente para dejarla en paz.

—Hija de la...

Isabella apretó los labios. A golpes no iba a solucionar nada.

—Señor Prado, se lo pido por favor, deje en paz a Floriana, ¿sí? —dijo Isabella respirando hondo.

Facundo empujó a Thiago y torció la boca en una mueca burlona.

—¿Por qué debería hacerte caso?

—Tú...

—¿Qué tal si haces que Jairo me lo pida?

Isabella apretó los dientes. ¿Insinuaba que ella no valía nada y que solo la toleraba por su relación con Jairo?

Isabella guardó silencio un momento, luego llamó a una empleada que traía fruta y le pidió que trajera varias copas de vino.

—Facundo, ¡si eres hombre, apuéstale conmigo!

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