Isabella sacudió la cabeza. Mantenerse lúcida para decirle todo eso ya era su límite. Pero después de tanto hablar, parecía que había sido en vano, lo cual la enojó. Empujó una botella hacia Facundo para beber directamente del envase.
En ese momento llegó Esther. Al ver a Facundo e Isabella bebiendo, le preguntó a Ignacio qué pasaba.
Ignacio le explicó brevemente, y Esther corrió al lado de Facundo.
—Facundo, ya no tomes con ella, ¡te hace daño! En cuanto a Floriana, mientras se aleje de nuestras vidas y deje el espectáculo, ¡no le haremos nada!
—¿El mundo del espectáculo es propiedad de tu familia o qué? ¿Por qué tiene que irse solo porque tú lo dices? —le gritó Isabella a Esther.
Esther fulminó a Isabella con la mirada.
—Solo te aprovechas de que fuiste esposa del señor Crespo. Si no, ¿crees que podrías estar aquí parada, bebiendo con Facundo y poniendo condiciones? ¿Tú crees que estás a su nivel?
—Más te vale cerrar la boca. De por sí ya estoy borracha, si te doy unas cachetadas, ¡será culpa de tu boca apestosa!
—¡Tú!
Isabella le mostró el puño a Esther, luego agarró otra botella y empezó a beber primero.
Facundo, por supuesto, no iba a mostrar debilidad y también comenzó a beber a grandes tragos.
Isabella notó algo raro desde el primer sorbo: no sabía a alcohol, era pura agua. Se quedó pasmada un instante y miró a Daniela, que estaba a un lado.
Daniela desviaba la mirada, claramente nerviosa.
Ante tal acto de bondad, Isabella aceptó encantada. Eso sí, tenía que fingir bien. A mitad de la botella hizo como que se iba a caer, luego como que iba a vomitar, pero apretó los dientes y siguió bebiendo, «forzándose».
Fingía tan bien que Ignacio y Thiago no pudieron evitar aplaudirle.
—¡Isabella es increíble!
—¡Esa mujer sí que tiene agallas!
Para no ser descubierta, Isabella se bebió la botella hasta la última gota y luego la azotó contra el suelo con fuerza, destruyendo la evidencia.
Daniela le levantó el pulgar discretamente.
—¡Qué capacidad, señora!
Isabella tosió un poco.
—Pan comido, ¡puedo con otras dos!
No era más que agua, solo se sentía un poco llena.
—¿Qué quieres decir?
—Floriana fue infiel y se embarazó de un cualquiera. Y tú, que insististe en divorciarte del señor Crespo, seguramente también tenías a otro. A lo mejor los hijos que tuviste también son de otro hombre...
—¡Te voy a romper la boca!
Isabella se abalanzó para golpear a Esther, pero como había bebido bastante, le fallaron las piernas y, en lugar de pegarle, se cayó.
Esther se sintió aún más engreída.
—El señor Crespo debería llevar a tus dos hijos a una prueba de ADN, capaz que resulta que no son suyos... ¡Ah!
Esther no pudo terminar la frase; alguien le dio una patada en el costado, tirándola violentamente al suelo.
Se giró atónita y vio a Jairo mirándola con un rostro sombrío.
—Señor Crespo, solo creo que Isabella no es una persona decente, a lo mejor...
La mirada de Jairo era gélida y afilada.
—¡Di una palabra más y te mato!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...