Isabella, furiosa, se dio la vuelta para irse, pero la imagen que acababa de presenciar seguía repitiéndose en su mente, haciéndola enfurecer cada vez más. Tenía ganas de ir y partirle la cara a Jairo.
«¿Cómo pudo dejar a los dos niños en casa y salir a andar de pirujo?», pensó. «¡Es imperdonable!».
Con ese pensamiento, Isabella volvió a entrar. Tenía que hacerle saber lo irresponsable que era su conducta, sacarlo de ese antro y luego…
Luego ya vería, ¡pero no podía tolerar que él y esa mujer estuvieran haciendo de las suyas!
Al regresar al club nocturno, Jairo ya no estaba en la barra. Ella se apresuró a buscarlo y vio que salía por la puerta trasera con la mujer. Corrió tras ellos y observó cómo entraban al hotel de enfrente.
Era obvio lo que dos personas borrachas iban a hacer en un hotel. Isabella sentía algo más que enojo en ese momento; era ira pura, aunque sabía que esa ira no tenía mucho fundamento.
Ya estaban divorciados; ella no tenía derecho a controlar su vida privada. Pero… pero ella era la madre de sus hijos, y claro que tenía la responsabilidad de vigilar el comportamiento del padre para evitar que se descarriara y diera un mal ejemplo a los niños.
Esa excusa era perfecta.
Isabella se autoafirmó con ese razonamiento y corrió hacia el hotel. La pareja ya había subido. Isabella estaba a punto de preguntar en recepción cuando un hombre de traje blanco entró con un grupo de guaruras.
La recepcionista, al verlos, se adelantó nerviosa a preguntar qué pasaba.
El hombre del traje blanco vociferó que venía a atrapar a unos infieles, afirmando que acababa de ver con sus propios ojos a su esposa entrar al hotel abrazada de un hombre.
—Señor, tal vez se equivocó…
—No estoy ciego, chingada madre, ¿cómo me voy a equivocar? Ese tipo parecía un niño bonito, ¡seguro que tú te acuerdas de él!
—Este…
La recepcionista claramente lo recordaba, pero no podía decirlo.
El hombre le gritó que se quitara y subió con su gente. Unos guardias de seguridad intentaron detenerlos, pero la pandilla les dio una paliza.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...