Jimena no dijo nada, simplemente levantó el vaso y dio otro sorbo de agua.
El recipiente ocultó cualquier cambio en su expresión, pero la dirección de su mirada no se desvió ni un milímetro.
Los demás siguieron su vista y se toparon con Regina plantada en la puerta del área de descanso.
Con los ojos enrojecidos y sintiendo el peso de las miradas de todos, Regina dio media vuelta y se marchó.
Mientras se alejaba, se pasó la mano por la cara; quién sabe si estaba llorando de verdad.
Jimena bajó el vaso, manteniendo un rostro inexpresivo.
En ese momento, Eliana se acercó, la tomó del brazo y le dijo en voz baja:
—Señorita Calvo, lo siento mucho. De verdad no sabía que ella venía al establo cada semana.
—Ella y el señor Núñez son cosa del pasado. No importa lo mucho que se hayan amado antes, todo eso ya fue. Ahora tú eres la esposa del señor Núñez, no tienes por qué preocuparte por ella. La familia Serrano es de tan poca monta...
Eliana le susurraba palabras de consuelo al oído, pero cada sílaba parecía llevar espinas ocultas, diseñadas para incomodar.
Los dedos finos y delicados de Jimena acariciaron suavemente el asa del vaso.
Escuchó a Eliana en silencio, mientras una levísima sonrisa se dibujaba en la comisura de sus labios, haciendo que sus pensamientos fueran por completo indescifrables.
El ambiente en el lugar se había vuelto bastante tenso.
Finalmente, fue Federico quien rompió el hielo y esa incomodidad.
—¿Te lastimaste hace rato?
Jimena alzó la vista y lo miró.
Todas las miradas de los presentes viajaron de Jimena hacia Federico.
Eliana, que hasta ese momento no había dejado de parlotear, también guardó silencio.
El aura que desprendía Jimena era tan imponente que, de cierta forma, temían que hiciera algo drástico.
Todos estaban con el alma en un hilo.
Sin embargo, Jimena se limitó a clavarle la mirada a Federico y respondió con calma:
—No, no me lastimé.
—Pierda cuidado, señor Núñez, no dejaré que me hagan daño.
Dicho esto, caminó hacia él y le dijo en un tono muy suave:
—Vamos, vayamos a montar.
Al escucharla, la cara de Eliana mostró asombro y le sugirió con cautela:
—Señorita Calvo, ¿no prefieres descansar un rato?
Jimena esbozó una sonrisa y le contestó:


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Garrada num ódio dessa Regina… quero que Jimena esmague ela com a ponta do sapato....
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...