Las mismas personas que hace un momento reían a carcajadas con el profesor en el patio, se quedaron en absoluto silencio al ver entrar a Federico y a Jimena.
Sus miradas cayeron llenas de lástima sobre Regina Serrano.
Ante las miradas compasivas de sus antiguos compañeros de clase, Regina apretó los labios, forzó una sonrisa amarga y murmuró:
—Iré a la cocina a ayudar.
Al escucharla, los demás le siguieron la corriente y dijeron que también irían a la cocina.
Uno tras otro, pasaron por enfrente de Jimena y Federico.
El profesor Vicuña soltó una carcajada de impotencia y dijo:
—Mi cocina es minúscula, dudo mucho que quepan todos ahí dentro.
Alguien respondió sin pensar:
—Entonces buscaremos qué otra cosa hacer.
A partir de ahí, todos empezaron a girar en torno a Regina.
Parecía como si estuvieran tomando partido, ignorando deliberadamente a Jimena y a Federico.
Solo el profesor Vicuña se quedó platicando con ellos.
A la hora del almuerzo, el grupo comenzó a servir la mesa.
El profesor llamó a Federico y a Jimena para que se acercaran.
Los tres fueron juntos hacia el comedor.
De inmediato, los demás exalumnos llevaron al profesor a sentarse en la cabecera.
Federico le jaló la silla a Jimena para que se sentara.
Una vez acomodados, el profesor invitó a todos a tomar los cubiertos.
Fue entonces cuando Jimena notó que en su lugar no había plato ni cubiertos.
Federico limpió sus propios cubiertos y se los puso enfrente a Jimena.
Ella los tomó sin dudarlo.
Todos se quedaron en silencio al ver la reacción de Federico.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Garrada num ódio dessa Regina… quero que Jimena esmague ela com a ponta do sapato....
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...