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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1303

—¿Solo te puedo buscar si necesito algo? Soy tu esposo, ¿acaso no puedo platicar contigo?

Jimena se quedó callada ante tal berrinche.

Ante su mutismo, él tampoco volvió a abrir la boca.

Unos segundos después, Jimena dijo con frialdad:

—Te marco cuando regrese al hotel.

—¿Cuánto te vas a tardar?

—Una hora.

Federico resopló con cierta altivez en la voz.

—Te voy a dar una hora, entonces.

Y sin más, colgó.

Jimena se guardó el celular y regresó a su mesa.

Violeta era buenísima para las relaciones públicas. Aunque su jefa no hubiera estado, ya le había sacado bastante información a Liam.

Residencia Los Arrayanes.

Tras la llamada, Federico estaba por ir al baño a lavarse la cara cuando sonó su teléfono. Era el profesor Vicuña.

Deslizó el dedo por la pantalla para contestar.

De inmediato, la voz alterada del anciano retumbó en la bocina.

—¡Federico! ¡Tienes que venir rápido al hospital donde está Regina! ¡Apúrate!

Él frunció el ceño e iba a negarse, pero de pronto se escucharon gritos al fondo, seguidos de un quejido de dolor del profesor.

Había demasiado alboroto, lo que hizo que se le marcara más el ceño a Federico.

El profesor Vicuña lo había ayudado mucho en el pasado.

No tenía otra opción más que ir.

Cuando Federico llegó al lugar, la familia Serrano estaba a punto de sacar a rastras a Regina del hospital.

El profesor iba detrás de ellos, jalándola con todas sus fuerzas para evitar que se la llevaran.

—No quieren dejar que tome su tratamiento. ¡Literalmente la están condenando a muerte! ¡Detenlas!

Las expresiones de Liliana y de la señora Serrano cambiaron por completo al ver a Federico.

Liliana cruzó miradas con su madre. Esta última dio un paso al frente para bloquear la línea de visión entre Regina y el recién llegado, y le espetó:

—Señor Núñez, este es un problema familiar. Usted y Regina terminaron hace mucho, así que no tiene ningún derecho a meterse en los asuntos de los Serrano.

—Y si quiere jugar al héroe, va a tener que hacerse cargo de ella el resto de su vida.

La mirada de Federico era helada. Observó a la mujer con repulsión y respondió en un tono escalofriante:

—¿En qué momento dije que me iba a hacer cargo de ella?

Liliana soltó una carcajada burlona al escucharlo, miró de reojo a la enferma y escupió el veneno:

—¿Ya lo oíste, Regina? El señor Núñez acaba de decir que no le importas en lo más mínimo.

—Deja de hacer berrinches y acompáñanos a la casa por las buenas.

—Deja de tirar tiempo y dinero en el hospital. Acepta la realidad de una vez.

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