¿Alondra Valeriano?
Al escuchar esto, todos los presentes se quedaron pasmados.
Para los periodistas, ese nombre era más que conocido.
La hija única del presidente del Grupo Valeriano.
Nacida en cuna de oro, mimada y consentida toda su vida.
Era una de las personalidades más destacadas de la alta sociedad en la capital.
Sumándole a eso, ella misma manejaba sus redes sociales presumiendo su lujoso estilo de vida.
Con ese estatus tan llamativo, casi todo el mundo sabía de ella.
¿Por qué Gilda mencionaba su nombre de repente?
¿Acaso este escándalo tenía que ver con ella?
—¡Alondra Valeriano está ahí! —Dalia vio la oportunidad y señaló con el dedo, guiando la atención de todos hacia el público.
Alondra jamás imaginó que, sin ninguna prueba de por medio, Gilda se atreviera a acusarla en público.
Entró en pánico un par de segundos, pero se compuso de inmediato.
No se levantó de la silla; se acomodó el cabello con gracia y curvó sus labios rojos:
—Señorita Gilda, ¿armó toda esta conferencia solo para buscar un chivo expiatorio?
—Usted misma contrató a ese hombre, y se rompió el brazo en su negocio. ¿Qué tengo que ver yo en eso?
Un momento.
Los reporteros estaban perdidos.
Con tanta gente presente, ¿por qué Gilda iba a señalar precisamente a Alondra?
Y, por otro lado.
Alondra siempre se dejaba ver en fiestas de alta alcurnia o galas de marcas exclusivas.
¿Qué hacía ella en un lugar como este?
Antes de que los reporteros pudieran indagar, la voz de Alondra volvió a resonar:
—¿Acaso me está culpando solo porque sabe que soy la candidata que la familia Lucero eligió para Héctor, y usted, como no puede superar que él no la quiere, intenta ensuciarme?
—¿Qué?
Tras escuchar eso, los periodistas y los curiosos se quedaron en shock.
Desde hace tiempo circulaban rumores de que las familias Lucero y Valeriano estaban en contacto.
Unían estatus y fortuna, la pareja perfecta, e incluso se había hablado de una futura boda.

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