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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1757

Ellos se habían dejado llevar por la impresión; veían a Vicente Quintero discapacitado y sentían lástima.

Por inercia, querían defenderlo y hacer justicia.

Pero en los últimos años, el internet estaba lleno de casos en los que la verdad terminaba siendo todo lo contrario.

—Solo queremos aclarar nuestras dudas... —El reportero se apresuró a suavizar su postura—. Esperamos que la señorita Gilda nos pueda dar una respuesta satisfactoria.

—Esperen y verán.

Gilda apartó la mirada y recorrió con sus ojos a todos los presentes.

—Lo que quieran preguntar, lo que quieran saber, hoy se los contestaré todo.

—Si se quedan bloqueándome el paso, aparte de tomarme fotos, ¿van a conseguir algo útil para sus notas?

Los reporteros se miraron entre sí y poco a poco fueron tomando asiento.

Montaron sus cámaras y apuntaron directamente a Gilda, sin perder ni el más mínimo detalle.

El camino quedó despejado.

Gilda avanzó y tomó asiento en el centro del estrado.

Alzó la mirada hacia el frente y notó que, justo en el medio de la zona del público, estaba sentada Alondra Valeriano.

Llevaba un maquillaje exquisito y la miraba con una sonrisa radiante.

Actuaba como si ya fuera la vencedora indiscutible, sus ojos desbordaban provocación y burla.

—Gilda, todo está listo —le susurró Dalia al oído—. Tenías razón, esa víbora realmente intentó deshacerse de Vicente Quintero.

—Bien. —Gilda asintió en silencio—. Empecemos.

***

Mientras tanto.

Al otro lado de la ciudad.

Sania Verano y Cornelio Espinosa, junto con los demás hermanos, estaban reunidos frente a la pantalla viendo la esperada transmisión de la conferencia.

—¿Creen que Gilda podrá con todo esto? —Lourdes Yáñez sonaba preocupada.

—No te estreses. —Aldana estaba sentada junto a Rogelio Lucero, ordenándole que le pelara semillas de girasol—. Nosotros solo miremos el show, se va a poner muy bueno.

Sania abrió la boca, queriendo decir algo.

Pensó en lo que había dicho Aldana y decidió guardar silencio.

Estaba bien.

Si Aldana no se preocupaba, ella tampoco se iba a preocupar.

El resto de los hermanos pensó lo mismo: ¿Ellos no están preocupados? Entonces nosotros tampoco.

De golpe, los nervios de todos desaparecieron, y comenzaron a picar bocadillos y platicar relajadamente.

Prestando atención a la conferencia de reojo.

...

En la Mansión Lucero.

Don Segundo Lucero y Elvia Lucero también estaban viendo las noticias.

Capítulo 1757 1

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