En el país Fendael.
El convoy había estado avanzando por un sinuoso camino de montaña durante más de cinco horas.
Los fuertes vientos reducían drásticamente la visibilidad, obligando a los autos a arrastrarse a vuelta de rueda.
Como estaban rodeados por altas cumbres, hubo un largo tramo en el que no tenían señal de teléfono.
Al llegar a la zona de pruebas.
Héctor Lucero se bajó del auto y sacó su celular. En ese momento, uno de los hombres que estaba a su lado murmuró sorprendido:
—¿Qué tiene que ver el señorito Héctor con todo esto?
Héctor se detuvo y lo miró de reojo.
—¿Conmigo? ¿Qué cosa?
—Señorito, ¿acaso no ha visto las noticias?
El hombre era un compatriota que trabajaba en el país Fendael y siempre estaba al pendiente de los temas del momento.
La notificación le había llegado al celular apenas diez minutos antes.
¿Noticias?
Héctor, confundido, revisó un par de aplicaciones en su teléfono, pero su inicio no mostraba nada fuera de lo común.
—Mire.
El empleado le pasó su teléfono.
Héctor bajó la vista y descubrió que Twitter estaba en llamas.
El nombre de Gilda ocupaba el puesto número uno en las tendencias mundiales.
Las pupilas de Héctor se dilataron.
Le arrebató el celular y entró directamente a la noticia.
Había tantos comentarios y tanto ruido, pero logró armar el rompecabezas:
Alondra, motivada por los celos, se había aliado con unos criminales para inculpar a Gilda.
Y todo esto había sucedido hacía dos días...
Antes de esto, internet entero se había dedicado a destrozar el nombre de Gilda, al grado que un loco le apedreó las ventanas de su oficina en la madrugada.
Esa misma mañana había hablado por teléfono con ella.
¿Por qué demonios no le había dicho nada?
Héctor siguió leyendo hacia abajo y vio el resumen de la rueda de prensa.
De solo leer las atrocidades que escribieron sobre ella, sintió que le faltaba el aire.
¿Cómo había soportado Gilda aquel linchamiento mediático?
Héctor tomó los celulares de los demás en el equipo y se dio cuenta de algo: solo su teléfono no mostraba esa información.
Estaba claro como el agua.
Alguien había metido mano en sus redes para bloquearle el acceso a las noticias de la capital y aislarlo de la realidad.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Más que una niña: La rebelde y su protector