El vestido que me estaba colocando a toda velocidad era demasiado ostentoso y elegante para una simple comida en nuestra mansión, pero era la mejor opción al solo poder usar una mano. Era hermoso, sin mangas y ajustado. Me quedaba como una segunda piel. No necesitaba cierre, botones, ni ningún broche. Lo sostenía mi cuerpo, sencillamente. El único problema es que era demasiado largo y tenía que luchar por subirlo completo.
No sé como pasamos de estar apapachados en la cama a competir por vestirnos con nuestras manos unidas.
―Listo ―expresó con orgullo.
Volteé a verlo.
Solo traía un pantalón de pijama puesto.
―¿Y la camisa? ―señalé.
―No necesito camisa. Ya cubrí lo importante ―Su mano disponible señaló sus partes privadas.
―Entonces, yo también iré con el torso al descubierto ―Traté de jalar el escote del vestido hacia abajo, pero mi esposo detuvo mi mano.
―¡Ni se te ocurra, Erika!
Me miró con una intensidad demasiado fuerte, que me vi obligada a obedecerlo.
―Eso es trampa. Tú solo necesitas cubrir la parte inferior. Yo necesito tapar las dos partes ―Recorrí mi cuerpo―. Estoy en desventaja por ser mujer.
―No es mi culpa que hayas nacido como la creación perfecta de Dios ―Me besó la mejilla.
No puedo creer que alague mi género para evitar mi molestia. Y lo peor del caso, es que en realidad, funcionó.
Terminé de arreglar el ruedo y salimos refunfuñando de la habitación. Y me refiero a “mí”.
―No puedo creer que con tantos diseños de ropa femenina no hayan creado uno que sea fácil de poner cuando estás unida a otro cuerpo. Sí tan solo mis camisones de dormir fueran de un solo tiro, esta sería una historia diferente ―No detuve mis quejas hasta que estuvimos frente a la mesa.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa
Oye si ya pagué para desbloquear capítulos y me regreso porque siguen bloqueados creo que no está bien...