O eso creí.
El hombre lo vio venir y detuvo mi muslo con su mano, a un centímetro de mi objetivo. Con un simple empujón, bajó mi pierna.
―Te salía mejor hacer las cosas por las buenas ―Levantó su puño, apuntando directo a mi cara.
Cerré los ojos con fuerza, cruzando mis antebrazos frente al rostro. Apreté los dientes, preparándome para lo inevitable.
Escuché un golpe. Algo golpeando contra uno de los cubículos. Sin embargo, no sentí nada.
Abrí los ojos lentamente, encontrándome con el rostro furioso de Derek. No sé en que momento, pero había acorralado al gerente contra la puerta del cubículo. El rostro del hombre era de miedo puro y aún así, tuvo el coraje de hablar.
―Amigo, te estoy salvando de contraer sífilis. ¿A qué no adivinas la oferta que me hizo tu mujer hace unos semanas? Por una reservación, dijo que me la... ―La oración fue interrumpida por una exquisita patada en el estómago que le propinó Derek.
Usó tanta fuerza, que la puerta del cubículo se abrió para dentro (dirección a la que no estaba diseñada) y el gerente cayó dentro.
―Derek... ―La voz me salió como una súplica tan pequeña e impotente que dudo me haya escuchado. Y algo dentro de mí prefería no interrumpir lo que estaba a punto de pasar. No sólo porque el gerente se lo merecía. También porque tenía miedo de convertirme en el objetivo de mi esposo.
Cuando entraba en esa fase, no pensaba mucho. Se dejaba guiar por la rabia y los celos.
Entró al cubículo, desapareciendo de mi vista.
Me mantuve en la pared, escuchando los alaridos del gerente y los puños al impactar contra la piel y el hueso.
No pude moverme de donde estaba, ni para participar y mucho menos para ayudar al otro individuo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa
Oye si ya pagué para desbloquear capítulos y me regreso porque siguen bloqueados creo que no está bien...