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Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa romance Capítulo 147

―Solo... No quería que te metieras en problema.

Se rio sin humor. Sus ojos jamás abandonaron los míos; estaban cargados con una furia y una necesidad que no llegaba a comprender.

―Erika, tú eres mi problema. Desde que llegaste a mi vida eso es en lo que te has convertido ―Sus pulgares me rozaron las clavículas―. Estos últimos diez años has sido mi problema.

―Yo no hice nada con ese hombre, ni con ningún otro ―Tuve la necesidad de expresarlo. Además, era la verdad.

―¿Te le ofreciste? ―Su voz era amenazadora. No era para nada la voz controlada que usaba conmigo.

―No así ―carraspee―. Le pedí una mesa con urgencia y armé un pequeño alboroto al no conseguirla. Y al ser llevada a la oficina del gerente...

―¿Qué pasó? ―gruñó, interrumpiendo la oración.

―Me chantajeo con darme la mesa a cambio de eso.

―¿Eso qué? ―gritó, presionando sus dedos con un poco más de fuerza―. Di las cosas como son. Quiero las palabras correctas y los detalles.

―¡A cambio de una mamada! ―grité, respirando profundo. Los latidos de mi corazón estaban fuera de control―. Yo me negué, le ofrecí dinero de mi jefa. Pero no. ¡El puerco quería eso! Así que acepté, pero nunca tuve intención de hacerlo. Lo engañé. Le dio la mesa a mi jefa y no asistí a la “reunión” pactada. Gracias a mí engaño, tú cenaste esa noche con ella.

Agrandó los ojos.

«Así es, la única razón por la que me ofrecí fue porque tú tuviste una cita con mi jefa»

Necesitaba torcer las cosas a mi favor. Hacerlo un poco responsable de la situación ayudaría. Además, era verdad. Esa desgraciada no me hubiera dado esa tarea tan difícil si no fuera una inseguridad con problemas de inferioridad que necesitaba dejar claro que alguien como yo no era digna de un Fisher.

Y al final, fui yo quien me lo quedé, a pesar que no lo planeé. Bueno, siendo sincera, ni participé en el proceso. Simplemente desperté un día y ya mi vida estaba atada a la de este hombre.

Subió la mirada, observando el techo. Tuve una vista perfecta de su manzana de Adán y sentí la necesidad de pasar mis dedos, mas no lo hice. Resistí como guerrera.

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