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Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa romance Capítulo 155

Derek caminó hacía nosotras con paso seguro y las venas a punto de salirse de su frente.

―Erika, ¿qué hace ese hombre aquí? ―susurró Kira, a mi lado.

Se me olvidaba que ella no estaba al tanto de nuestro matrimonio, que era un secreto a voces. Aunque, como el círculo social de Derek parecía estar al tanto, pensé que ella también sabía.

―Bueno, a mí viene a matarme ―susurré con sutileza―. A ti tal vez te deje vivir. Pero nuestra mejor opción en estos momentos es volvernos bolitas y tirarnos al suelo.

―¡Una hora, Erika! ―habló con autoridad, tomando mi rostro entre sus grandes manos―. ¡Te dije que te dejaría sola una maldita hora y ocasiones un desastre! ¿No puedo salir de casa ni un minuto?

Sus ojos eran como dos llamas siendo rociadas por gasolina. Analizó mi rostro sin soltarme, debatiéndose entre la preocupación y el enfado.

―¿Cómo se te ocurre hacer una estupidez como esa? ¿Sabes todas las cosas que pudieron salir mal?

―Mi amiga me necesitaba. Tus padres aparecieron en la mansión, me dijeron que Kira estaba en peligro y tuve que ir…

―¡Debiste llamarme! ―gritó con fuerza, interrumpiéndome.

―¿Para qué? ―Imité su nivel de voz―. ¿Para qué me dijeras que no me meta en sus asuntos?

―¡Claro que sí! Si me lo hubieras pedido, yo mismo sacaba a Kira de esa casa ―Sus manos viajaron a mi nuca, causando que me acerque más a él―. ¿No aprendiste nada del pasado? Solo tienes que pedirlo y yo me haré cargo. ¡No me escondas las cosas, no actúes sin mi conocimiento!

―No podía arriesgarme. Me daba miedo que te negaras por problemas empresariales, ya que no sé si tienes negocios que mantener con ese hombre o una relación estrecha por compartir el mismo círculo social ―dije en un tono de voz más bajo.

―Quita esos malditos miedos de tu cabeza, porque para desgracia mía, no se me es posible negarte las cosas con facilidad ―Prácticamente lo susurró en mis labios. Me impresioné en el momento exacto que dejó descansar su frente en la mía y cerró los ojos―. No vuelvas hacer una estupidez como esa.

No quería discutir con él, no quería que terminaríamos molestos. No ahora que nuestra relación está mejorando.

―Yo… Lo siento, Derek. Pero lo importante es que nada salió mal.

De pronto, esos ojos grises que me gustaban tanto se abrieron, revelando nuevamente su enfado.

¿Ahora qué dije?

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