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Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa romance Capítulo 162

―¿Y si te tomas otra semana más? Tu jefe no se va a molestar ―Derek se ajustó la corbata.

Me miré en el espejo, complacida con la vestimenta. Una falda de tubo negra, una camisa formal manga larga de color celeste y una chaqueta.

―Este es el indicado ―dije para mí misma―. Y respecto a tu sugerencia-pregunta, ya han pasado dos meses exactos desde la operación. Me tomé inclusive más días de lo que debía. Debo volver a la oficina o... ―Lo pensé un segundo, mirando al techo. «Derek no me va a despedir»―. Van a sospechar en el trabajo. ¿Se te olvida que trabajo en recursos humanos? Esta son las clases de situaciones que uno investiga.

―¿Y quién va a investigar si yo ordeno lo contrario?

―¿Y quién no va a sospechar si tú ordenas eso? ―refuté, colocando la mano en mi cintura y sacando cadera.

―Ellos se enterarán una vez que divulguen tu foto en los tabloides, cosa que puede ocurrir en cualquier momento ―murmuró, arrastrando las palabras.

―Y misteriosamente, no ha ocurrido. ¿Algo que decir sobre eso? ―Enarqué una ceja.

Era una don nadie cuya información era fácil de encontrar, viví de bonos y becas durante mucho tiempo, era fácil de rastrear. Por eso nunca pude escapar de los prestamistas. Y a pesar que la boda se reveló a nivel global, no había fotos de mi persona, solo de Derek. Y el apellido que usaban para referirse a mí en los escritos, era el de Derek, no mi apellido de soltera.

Los únicos que conocían mi identidad, era el círculo social de Derek, gracias a la chismosa de mi ex jefa. Y ninguno de ellos se ha atrevido a publicar nada de nuestro casamiento. Ahora que me lo preguntaba, ¿por qué mi ex jefa no ha ido a la radio o las revistas a decir que el heredero de la fortuna Fisher se casó con una pobretona? Eso es algo que ella haría.

Abrí la boca y la volví a cerrar enseguida, negando con la cabeza. Ya tenía suficiente con saber la deprimente vida que están llevando mis padres y Martín.

―No quiero que otros hombres tengan fotos tuyas guardadas ―Besó mi cuello, causándome escalofríos.

Cerré los ojos, disfrutando el momento.

―No creo que ningún hombre quiera guardar una foto mía, sacada por una revista de chisme ―Sonreí.

―Te sorprendería, querida.

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