Todos estábamos alrededor del pastel a medio comer. Algunos inclusive devolvieron el pedazo semi masticado a su plato. Volteamos la cabeza al unísono. Derek estaba caminando a nuestra dirección, pasando junto a los escritorios que dejamos abandonados para celebrar la fiesta en un rincón de la habitación, donde había un punto ciego en las cámaras.
La confianza bañaba su rostro y sus pasos lo confirmaban. Tenía las manos dentro de los bolsillos del pantalón y la mandíbula en alto. Lo acompañaban dos hombres robustos, unos pasos detrás de él.
Alguien retiró el gorro de fiesta de mi cabeza, tirándolo al suelo disimuladamente. Aunque en este caso no había nada que disimular, nos atraparon con las manos en la masa.
Miré a mi alrededor, nadie tenía su gorro de fiesta puesto, y entre Dakota y la supervisora, cubrían el pastel. Un intento verdaderamente admirable, pero no en este caso. Era muy tarde.
Derek se detuvo a unos pasos de nosotros, recogió el gorro de fiesta que habían tirado al piso y se acercó a mí.
Mantuve mi boca sellada. Tenía miedo de decir una palabra equivocada y terminara revelando nuestro matrimonio.
Pero, lo más importante acá era, ¿qué hace él aquí? Esta no es la sede. Y el mismo admitió que no visitaba las sucursales casi nunca.
Puso el gorro sobre mi cabeza.
―Bienvenida ―dijo con calidez.
―Gracias ―respondí en voz baja.
El silencio se extendió en la habitación. Nadie encontraba que decir.
―¿No piensan darme una rebanada de pastel? ―Volvió a meter sus manos en los bolsillos.
Dakota y la supervisora se miraron con los ojos agrandados. Ambas se quitaron como un relámpago del pastel que estaban cubriendo. Dakota tosió y la supervisora pasó hacer la expresión más fingida de sorpresa que haya visto en mi vida.
―¡Ah, es verdad, el pastel! Casi se me olvidaba que estaba aquí ―La supervisora movió sus manos exageradamente―. Siéntese aquí, ya le damos un pedazo.
Le dieron un pedazo más grande que el mío.
Los siguientes quince minutos, nos dedicamos a comer el pastel en silencio, nadie se reía, nadie bailaba, ni charlaba. Parecía un velorio.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa
Oye si ya pagué para desbloquear capítulos y me regreso porque siguen bloqueados creo que no está bien...