El hombre fue retrocediendo sin darles la espalda. La fuerza que ejercía en mi cuello no era una broma. Me terminaría por arrancar la cabeza si continuaba de esta forma.
Salimos de la oficina y fuimos recibidos por la luz del pasillo.
Por suerte, me liberó del agarre y tuve que toser sin cesar. Mis manos fueron al cuello, asegurando que todo estuviera en su lugar.
―Camina ―La delincuente realizó un gesto con su arma y me tomó del brazo.
Al parecer solo quieren dinero, pero me preocupa el hecho que Derek esté ahí. Estas personas no parecen tener mucho afecto por los millonarios, podrían matarlo solo por desquite.
Entramos al elevador, usaron una tarjeta de acceso para acceder a la zona subterránea, apretando el último nivel. Debieron robarle la tarjeta a la encargada de la bóveda. Pero entonces, ¿por qué no la trajeron a ella en mi lugar? Conocía las claves de las bóvedas. Esto era muy sospechoso.
Había dos formas de llegar a las bóvedas; ascensor y escaleras. Para ambas se necesitaba tarjeta de acceso. Este edificio fue construido con tres piso bajo tierra donde se guardaban las reliquias y posesiones más importantes.
Incliné la cabeza y miré al hombre con detenimiento. ¿Cómo él sabía la ubicación de las bóvedas? ¿Cómo conocía la sección subterránea? Solo los miembros más prometedores podían permitirse mantener sus posesiones aquí. Este siempre fue un banco para la gente de alta cuna, pero la élite guardaba su capital arriba. Solo la élite de la élite podía almacenar su fortuna acá abajo.
El silencio era asfixiante, y tener un arma contra las costillas no mejoraba la situación.
―Me duele el pie ―dije, sin saber muy bien por qué mentí. No tenía ningún plan en mente.
―Pobrecita ―La mujer afincó el arma en mi costilla hasta que fue doloroso.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa
Oye si ya pagué para desbloquear capítulos y me regreso porque siguen bloqueados creo que no está bien...