Pensé que iba a morir sin escuchar ese nombre.
Fui la mujer más feliz el día en que me gradué y no tuve que volver a ver la cara de esa detestable mujer.
Se cree la gran cosa por venir de una familia de modelos internacionales. Dudo que su personalidad haya cambiado con el tiempo, la gente de corazón podrido nunca logra sanar.
Me molestaba el hecho que Derek siguiera en contacto con ella. Él es consciente que esa mujer estaba coladita por él desde la universidad. Inclusive creo que antes, porque sus familias se conocen desde que eran niños.
Esto es hasta irritante, primero Katy y ahora Miriam.
¿No puedo tener paz? ¿Siempre me van a molestar las mujeres que han estado enamoradas de Derek desde la universidad?
―Diles que no los pienso recibir. Hoy estoy ocupado ―habló con cansancio.
Observé a Derek de pies a cabeza. Vestía un conjunto de pijama azul oscuro que se ceñía a su cuerpo. Al flexionar cualquier extremidad dejaba en evidencia sus músculos bien trabajados.
No estaba vestido para una reunión, tal vez fue una visita sorpresa.
Cometí el error de mirarlo cuando metió su mano por el dobladillo de la camisa y rascó sus costillas, dándome una exquisita vista a sus abdominales de acero. Inclusive se le marcaba la forma de V en la cintura.
Carla asomó la cabeza, viéndome. Sonrió, ignorando a Derek y pasando por el frente.
―Como usted diga ―respondió, restándole importancia.
―Hola, pequeña niña. ¿Cómo te sientes? ―Se sentó en la cama, a mi lado.
De cerca se podía notar aún más sus arrugas.
―Bien, ¿y usted?
―Bien, bien ―Me observó de arriba abajo con preocupación y pena ―. No supe lo que te pasó hasta esta mañana. Me fui a dormir temprano anoche y cuando desperté me enteré de todo este desastre. Sobre tu brazo y el hospital. Lo lamento tanto.
―No tiene porque disculparse por eso. No había modo de saber lo que pasaría.
―Carla, sé que quieres hablar con ella. Pero, por favor, deshazte de esa gente y tráenos el desayuno ―dijo mi esposo con delicadeza.
―Sí, sí, está bien ―respondió ella con fastidio.
Se fue, dejándonos solos.
Él se echó en la cama, a mí lado.
―No sabía que seguías relacionándote con esa mujer ―dije de pronto.
―No me relaciono con ella. Mis padres lo hacen, es diferente.
―¿Y por qué ella está aquí?
Derek sonrió.
―No sé, pero seguro tiene algo que ver con el hecho de que quieren que me divorcie de ti y me case con ella. O, al menos, ese es un resumen de los muchos mensajes que me han mandado y que he ignorado. ¿Te molesta? ¿Estás celosa? ―El brillo bailaba en sus ojos.
Solté una risa agria.
―No estoy celosa y esto no es por ti. Ella y yo nos llevábamos horrible en la universidad. Y no creo que en la actualidad las cosas vayan a ser diferentes.
Levantó la ceja y me dedicó una mirada de: “si tú lo dices”.
―Ella es insoportable. Me sorprende que la sigas viendo. Y estoy aún más sorprendida que tus padres quieran que te cases con ella ―La ofensa estaba escrita en mi garganta.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa
Oye si ya pagué para desbloquear capítulos y me regreso porque siguen bloqueados creo que no está bien...