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Obligada A Amarte romance Capítulo 100

Capitulo Especial

Parte 2

Momento 1

La pequeña Hannah

Tengo miedo de estar aquí, ese señor dijo que me compraría un helado por ser la niña más hermosa de todas, pero no recuerdo cómo es que llegue a este lugar. No sé dónde se encuentran mis papás ni la muerta de hambre de mi hermana, yo quiero a Claudia, pero mi mamá dice que la tengo que tratar de esa manera para que ella se dé cuenta de que soy mejor, más bonita y más inteligente que ella. También dice que cuando sea grande los hombres estarán interesados en mí por mi carácter fuerte y que a mi hermana simplemente la van a ignorar.

Yo quiero que ella sea feliz, y aunque muchas veces yo le digo cosas feas porque mi mamá me lo pide, ella se sonríe sin decirme nada, y creo que me ha empezado a gustar, decirle muerta de hambre o inútil, a veces lo digo sin pensarlo. Ella debería de estar ahora conmigo, le dijeron que me cuidara, pero no está, me dejó sola con un desconocido.

—Quiero irme a mi casa, quiero estar al lado de mi hermana, ella me cuida sin importar que yo sea mala con ella, quiero ir con ella —grito de nuevo mientras golpeó la inmensa puerta que me mantiene encerrada—. Llévenme con mis papás, por favor, quiero ver a mi hermana —grito con todas mis fuerzas, pero parece que nadie me escucha.

Tengo hambre, no sé cuánto tiempo llevo encerrada sin comer, ya no puedo ni levantarme del piso y solo puedo pensar en Claudia, en qué no me cuido como debía, por su culpa estoy aquí, por su culpa estoy lejos de casa y de mis padres. De pronto la puerta se abre y deja entrar una luz muy brillante, una persona se para enfrente y me habla, pero me siento tan cansada que no sé bien lo que dice, solo quiero ir a casa.

Me toma en brazos y me lleva a otro cuarto en dónde se sienta conmigo en brazos y empieza a darme comida en la boca, caldo caliente que me reanima al instante y me habré el apetito, abro la boca cada vez más grande cuando la cuchara se acerca de nuevo a mis labios, la persona que me trajo es un hombre que me observa de una manera extraña y me lleva de miedo. Me remuevo intentando incorporarme para bajarme de su regazo, pero me sostiene con fuerza al tiempo que su mirada de torna amenazante.

Obedezco la orden silenciosa y continúo comiendo de su mano hasta que el plato queda totalmente limpio, coge la servilleta y me limpia la cara antes de fijarse que mi ropa está sucia al igual que mis brazos y el cuello.

—Una chiquilla tan hermosa no puede estar en este estado, además no me agrandan las mujeres que no se asean correctamente —murmura colocando su dedo en mi mentón y luego ordena que preparen la bañera para un baño y me consigan algo de ropa adecuada.

Siento algo duro que se clava en mi espalda constante, pero no me atrevo a moverme sin que me lo indique, además del miedo que me causa estar aquí. Me preguntó cuándo llegarán mis papás por mí, cuando vendrán a buscarme, limpia las lágrimas que empiezan a salir de mis ojos a medida que no aguanto más y empiezo a llorar porque no quiero que me pase nada malo, quiero regresar a mi casa, prometo que nunca más seré mala con Claudia, no le haré caso a mi mamá cuando me diga que la insulte, pero por favor quiero volver a casa.

Momento 2

Hannah

Observó a las demás mujeres, algunas de mi edad, otras un poco mayor que yo y, sin embargo, soy la favorita del amo de todo esto, nadie se atreve a contradecir una de mis órdenes ni a ofenderte de ninguna manera por miedo a lo que le pueda suceder. Frank Greco es el hombre más varonil y atractivo del mundo, ningún otro se compara a él, nadie posee su temple, su carácter ni el temor que infunde en los grandes gobernadores del mundo, todos se doblegan ante la voluntad del hombre al que amo.

Sé que en este mundo no existen los sentimientos, pero eso no me impide amarlo en silencio, después de todo soy yo quien lo complace cada noche en su cama, yo nací para ser suya, no recuerdo la vida antes de él, porque esa vida no existió. El mismo Frank me crío desde muy pequeña para servirle, para ser suya, solamente suya.

—Apuesto a que te gustaría estar en mi posición, ¿Cierto? —le digo a una de las chicas que constantemente me mira con odio, ella es de las fijas y se encarga de cumplir los deseos oscuros de los hombres de poder.

Son azotadas, amordazadas hasta casi asfixiarlas, atadas y sometidas de maneras inenarrables, algunas de ellas no soportan y mueren en medio de una sesión, muchas veces ahorcadas, a muchos les gusta colgarlas del techo mientras las golpean con varas, fustas o lo que sea que tengan a mano, antes de follarlas, y no es que yo no pase por lo mismo, la diferencia está en que solo un hombre ejerce todo ese dominio sobre mí.

—¿Cuál posición? ¿La de juguete exclusivo? Cómo se nota que te dan tanta droga que ni siquiera recuerdas nada de lo que hacen contigo cuando hay quien te llegue al precio —apunta, pero no entiendo a qué se refiere.

—¡No me creas igual a ti, maldita zorra, nadie paga por mí, porque el único que tiene derechos sobre mi cuerpo es quien te ha permitido seguir con vida! —exclamo, aunque la duda ha penetrado en mi sistema.

—Exacto, él decide que hacer contigo y tú ni cuenta te das —el estallido de mi mano en su mejilla no se hace esperar, no le voy a perdonar que hable de esa manera sobre el hombre que amo, no le voy a permitir que lo ofenda sin recibir un castigo.

—Espero que unos días en la fosa te ayuden a pensar con claridad antes de abrir la maldita boca —digo sujetándola del cabello. La fosa es un agujero oscuro lleno de suciedad en el que normalmente se envían a los que se atreven a desobedecer las órdenes o les cuesta adaptarse a su nueva vida. Cuando una persona, hombre o mujer, llega por primera vez a este lugar es sometido a una serie de castigos que ayudan a que su voluntad se doblegue, a que pierdan el deseo de luchar, se les deja pasar hambre y luego se les alimenta como si fuesen unos animales, poco a poco se les va reprogramando su manera de pensar hasta que olvidan por completo su pasado y se entregan a la nueva realidad, es por eso que solamente se consiguen niños o niñas, en algunas ocasiones adolescentes con autoestima baja para que se haga fácil el proceso de readaptación.

Se sonríe como si no le importará ni en lo más mínimo recibir el castigo, sabe que ha logrado plantar la duda y que ahora no estaré tranquila hasta no saber la verdad. Lo cierto es que en mi mente existen muchas lagunas, cosas que no recuerdo como cuando despierto con todo el cuerpo lleno de marcas y Frank me dice que no me preocupe que se quitaran con un baño caliente. Tengo que descubrir que tan ciertas son las palabras de ella, aunque eso signifique ir en contra de él, no es que vaya a traicionarlo a hacer algo que le perjudique, se trata solo de saber si de verdad es capaz de venderme a otros hombres.

Dicto las órdenes que se me han dado para las demás mujeres, esta noche se esperan a personajes muy importantes dentro del mundo de la política, no solo de este país, sino de muchas partes del mundo, quizás todo eso me sirva de distracción para entrar al despacho y revisar el registro personal de Frank. Algunas veces me da algo que según él me ayuda a dormir y a mantenerme fresca para él, vive repitiéndome que el día que mi belleza deje de existir, entonces mi vida de comodidades a su lado se termina y por ese motivo es que me dejo inyectar.

La sustancia me hace dormir casi al instante y ya después no recuerdo nada, aunque me levanto con la cabeza aturdida y llena de marcas que antes no estaban, además del dolor que siento al moverme, nunca había prestado atención a nada de eso, pero ahora no puedo sacármelo de la cabeza y de un modo u otro yo voy a descubrir que es lo que sucede. Camino con paso decidido hasta el despacho de Frank y lo encuentro recibiendo una felación, ninguno de los dos se inmuta por mi presencia, arqueo una ceja al tiempo que me extiende la mano para que me acerque a él.

—Sabes que eres mi favorita, tienes autoridad por sobre todas estas malditas putas —dice al tiempo que me saca los senos de la blusa y los empieza a masajear con fuerza entre sus manos—. No sabes cuándo me gustas, cuando me encanta tu cuerpo, yo fui el primero, yo fui quien te arranco la virginidad con salvajismos —sus caricias se hacen más salvajes, más desesperados, apresta mis senos con tanta fuerza que por un momento creo que me van a estallar en sus manos.

De pronto libera uno de mis pechos dejándome sentir algo de alivio y lleva la mano libre a la cabeza de la chica para marcar los movimientos, llevando hasta lo más profundo de la garganta de la chica su masculinidad, arremete con fuerza como si no le importase nada más que su propio placer, la mujer se ahoga al no poder respirar, pero eso a él le da igual y continua hasta que al fin deja escapar un rugido y de la boca de la chica empieza a salir el líquido caliente. Observo mis senos cuando los ha dejado libre por completo y me doy cuenta de que sus uñas se clavaron en mi piel y pequeños hilos de sangre se deslizan hacia abajo.

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