Claudia
Han pasado varios meses desde la muerte de mi hermana, no puedo creer que el tiempo haya pasado tan rápido y yo sin siquiera notarlo, para mí los eventos acontecieron hace tan poco, o al menos se siente de esa forma, porque no conforme con perderla a ella, también, a los días de haber sucedido todo ese caos, me enteré de que mis padres también habían muerto, Gustavo O’brian a manos de Frank Greco y mi madre por culpa de la avaricia de su esposo, y duele, a pesar de todo duele porque nunca espere que algo así sucediera en mi vida y mucho menos de la forma en que a mí me pasó, no había terminado de aceptar que en ella la maldad estaba tan arraigada que su interior estaba podrido por completo y además llevo a mis padres a que se destruyeran todavía más, sé que no hubiese logrado hacer mucho por salvarlos de esa vida tan miserable que llevaban, pero al menos estarían con vida si no hubiese sido por ella
Todos estos meses me han servido para pensar y reflexionar en todo lo que sucedió, en cada acontecimiento, en cada situación que vivimos, tratando de buscar sus pros y sus contras, para tratar de hacerme sentir mejor, sin ningún éxito, y es que por mucho que me gustaría decir que no fui responsable de nada, hacerme la desentendida, la que nada me afecta, la inocente y victimizarme, cómo lo haría cualquier ser humano en mi situación, la verdad es que a pesar de que empecé esta historia siendo la única inocente, en el camino me di cuenta de que erre al ser tan ingenua e insegura, al seguir creyendo en los príncipes azules y en las princesas encerradas en una gran torre tal como lo pintan los cuentos de hadas, tal como lo muestran las películas románticas y lo cierto es que esa inocencia se fue perdiendo, debido a toda la desgracia que pasé a toda la mierda que desde un principio fue mi vida.
Idealice una idea absurda de realidad que me costó muy cara, más de lo que imaginé o pretendí alguna vez, por poco pierdo la vida, y no una, sino en dos oportunidades y no solo bastó con eso, sino que el hombre al que amo con toda el alma, la persona que se ganó mi corazón y mi cariño sincero después de un muy mal inicio, se vio obligado a ponerse en una situación de peligro solo para salvarme a mí de mi propia estupidez mental, de mis propios errores y eso a veces, la culpa, de que le haya podido pasar algo por mi culpa, me carcome por dentro, es un sentimiento que es inevitable sentir, la incertidumbre de saber si le hubiese pasado algo o no… la verdad es que no sé cómo habría vivido con esa culpa. No obstante, despegarme de tantas certezas y cuestionar esos pensamientos sin fundamentos me hicieron ver que dentro de mí existe un ser libre con deseos de marcar su propio camino, un ser que ya no soporta las riendas que por años le han impuesto en contra de su voluntad, una persona que ya no va a quedarse callada, que sabrá dar la cara por lo que siente, lo que piensa y defenderá su opinión y sus creencias. Ya fue suficiente de tanto daño, de tanta manipulación y tanto control. Ahora es mi turno de tomar las riendas de mi vida.
A mi familia, si así puedo llamarla, le resultó mucho más cómodo, mucho más fácil, echarme la culpa de cada una de las cosas que les ocurrió en lugar de tener la valentía, la entereza, o la capacidad psicológica de asumir qué gran parte de lo que les sucedió fue una consecuencia inevitable, de cada uno sus actos y de todas las decisiones que tomaban sin meditar las consecuencias, pero me di cuenta demasiado tarde, he perdido tantos años de mi vida encapsulada en la culpa, en el dolor y en el aceptar lo que los demás quieran hacer de mi propia voluntad que ahora lo único que puedo hacer es buscar la manera de remediar el desastre en que se convirtió mi vida cuando Richard Mobasseri pago para que yo fuese su esposa. Supongo que eso fue lo único positivo en todo este desastre, el haberlo conocido, el estar hoy aquí de pie junto a él, avanzando y creciendo por mí y para los dos.
Confieso que algunas noches me despierto agitada y bañada en sudor, todavía no logro borrar de mis recuerdos la imagen de mi hermana muerta desangrándose en el piso, ni la figura de Greco sobre la plancha con la sangre corriendo a borbotones por todo su cuerpo, los gritos aterradores que escaparon de su garganta cuando Yxora introdujo aquel objeto en su cuerpo, juro que si alguien me hubiese dicho que algún día yo le dispararía a una persona en la cara me hubiese reído, pero así fue, no tuve más opción que acabar con su vida para poder dejar de escucharlo y ahora resulta que se encuentra en mis noches atormentándome son sus gritos.
Espero que algún día la terapia me ayude a superar ese episodio tan fuerte, porque no creo poder vivir una vida entera reviviéndolo cada noche que pasa y hacer como si nada pasara al día siguiente, no sé hasta qué punto la fuerza me sirva para no dejarme vencer.
—Señorita O’brian, ¿le sucede algo? —cuestiona el tutor que me asigno la señora Montero cuando me ve perdida en mis pensamientos.
Había decido hacer la carrera desde cero, pero la abuela de mi novio me sugirió pagarme un tutor que además de enseñarme todo lo que tengo que saber lo hará directamente en el campo, es decir, estoy manejando una pequeña empresa que la señora Montero adquirió y mi trabajo es salvarla de la evidente quiebra a la que estaba destinada, quizás hubiese sido mucho mejor aprender en una ya establecida y con un excelente estado financiero, sin embargo, aprender bajo presión, desarrollar la agilidad de tomar decisiones, de pensar en la mejor opción y ver mentalmente a futuro las consecuencias de esas acciones me llena de vida, me hace sentir activa, valiosa, increíble, me hace sentir plena.
—Perdón, me distraje pensando en algo —contesto apenada por hacerle perder el tiempo—. Me estaba diciendo —queriendo retomar el tema, pero la verdad es que hoy es uno de esos días en los que mi mente no logra concentrarse del todo.
—No te preocupes por mí, sino por ti, de esto depende tu futuro, lo que quieres para ti, además de que no está bien que desaproveches la oportunidad que te ofrece la señora Montero, no es que tengas que estar siempre bajo su sombra, es solo que no todo el mundo tiende la mano a cambio de nada a su semejante —tiene razón, no puedo decepcionar a las personas que creen en mí y sobre todo no puedo decepcionarme a mí misma, en un poco más de seis meses he aprendido lo que se aprende en media carrera universitaria.
La idea de todo esto es aprender y luego ir a una universidad para presentar un examen de nivelación que me permita avanzar en los semestres y de ese modo no tardar mucho tiempo en recibir mi título profesional.
—Tiene razón, señor Marco, además de hacerle perder un tiempo valioso a usted —digo y le ofrezco una sonrisa a modo de disculpa.

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