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Obligada A Amarte romance Capítulo 99

Capítulo especial.

Parte 1

Gustavo O'brian

Hace unos años no imaginaba mi vida de este modo, conviviendo con personas enfermas por el juego, que no saben controlar sus impulsos y son capaces hasta de apostarse a sí mismos solo por una jugada más. Yo no pertenezco a este ambiente o al menos no lo hacía hasta que encontré entre las mesas de los clubes ilegales el desahogo que necesitaba. Sin embargo, considero que todavía soy un hombre que sabe en qué momento retirarse, sé reconocer cuando la suerte ni está de mi lado y acepto el hecho de tener que retirarme, yo no estoy enfermo por el juego como la mayoría de estas gentes sin cerebro.

Maldición de nuevo vuelvo a perder y ya no me queda dinero para continuar, necesito seguir hasta ganar mi empresa, mi estatus social y mi vida entera depende de ello, no puedo caer en la miseria, no puedo declararme en la quiebra, prefiero la muerte a tener que humillarme delante de la sociedad.

Pruebo una última vez con el par de fichas que me quedan, elijo mi número de la suerte al tiempo que las demás personas hacen sus apuestas, contento la respiración cuando la ruleta empieza a girar a gran velocidad teniendo mis esperanzas puestas en que al fin consiga ganar por lo menos un juego con el que me pueda reponer de esta mala racha.

La ruleta se empieza a detener y para mi desgracia pierdo nuevamente, una maldición dale de mi boca al instante y sin control alguno me lanzó sobre el empleado culpándolo por mi maldita suerte. Los de seguridad se acercan a la mesa y me sacan a golpes del local tirándome por la puerta trasera como si fuese una basura a pesar de mis reclamos para que me dejen en paz. Una vez afuera los amenazó con enviarlos a la cárcel, pero como única respuesta recibo una serie de golpes y patadas que me dejan tirado en el suelo emitiendo amenazas que pierden la fuerza ante cada quejido de dolor.

—Puedo ayudarte —dice un extraño que presencia la humillación a la que soy sometido y que no había notado antes. Es un hombre alto, no logro ver por completo sus facciones porque se cubre con las sombras, no obstante me interesa lo que tiene que decir.

—A menos que desaparezcas está pocilga, no veo en que me pueda servir tu ayuda —escupo con desprecio—. Eso es lo único que necesito por el momento —trato de ponerme de pie ignorando el dolor en mis costillas.

—Yo me hago cargo —le dice al imbécil que me saco a golpes de la sala de juegos, sin embargo, no se retira, sino que se cruza de brazos sin perder detalle—. Te ofrezco el dinero que necesitas para levantar la porquería de empresa que tienes y para continuar en las mesas —dice captando por completo mi atención—. Te ofrezco la posibilidad de continuar con tu falsa vida si así lo deseas —sisea.

No obstante, se me hace extraño que una persona ofrezca este tipo de ayudas son un interés de por medio y si está pensando en pedir algún bien inmueble como garantía entonces pierde su tiempo conmigo, hace mucho que perdí todo y solo me quedé la mansión en la que vivo con mi familia.

—¿Qué pides a cambio? Porque supongo que no eres un ángel enviado del cielo para ayudarme en mi desgracia —contesto con algo de arrogancia.

Me saca de quicio el hecho de que se ría como si yo hubiese dicho algo gracioso, solo es un maldito que se está aprovechando para divertirse a mi costa y no se lo voy a permitir. Me doy la vuelta para irme del callejón, pero de nuevo me detiene.

—Disculpa por haberme reído, no pude evitarlo, pero me causo gracia que ni siquiera tengas la menor idea de que es lo que puedo yo pedir a cambio de dinero —señala.

—¡No soy un maldito aberrado, te equivocaste conmigo, siempre me han gustado las mujeres y tú ni serás el primer marica que se meta en mi cama! —exclamo con asco.

—Tampoco me refiero a eso, al igual que tú, prefiero la compañía de una dama —contesta con algo de burla en el tono—. Me dedico a ciertos negocios que tienen que ver con jóvenes vírgenes, aunque no necesariamente tienen que ser vírgenes, creo haber escuchado que tienes dos hijas y si me aseguras la virginidad de por lo menos una de ellas, te puedo gratificar grandemente —alega, pero mis hijas las dos son unas niñas ¿En qué me convierto si accedo a entregarlas? ¿En qué las convertirán?, pero la oportunidad de continuar jugando y además de no perder la empresa me hipnotiza, este es el golpe de buena suerte que estaba esperando.

—Ambas son vírgenes, son unas niñas que ni siquiera saben lo que es tener un novio —señalo al tiempo que saco mi cartera para mostrarle las fotos de mis hijas.

Podría darles a Claudia, es la mayor y aunque es el producto del amor no puedo sacrificar a Hannah, ella es más pequeña y además es hija de padre y madre, y su madre nunca permitiría que le quite a su razón de vida, aunque eso podría ponerlo en duda, una mujer que se ocupa más de su imagen que de sus hijos no creo que conozca lo que es el amor maternal.

—Me gusta esta, es mucho más joven y su rostro se ve tan refinado, está mocosa, es justo lo que el jefe está buscando —dice con la fotografía de Hannah en la mano.

—Ella no, no puedo darte a la más pequeña —niego.

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