Claudia
Me quedo a solas un momento en lo que las chicas se aseguran de que todo está listo y regresa por mí, en este momento los nervios se han vuelto más fuertes, me siento mareada, ansiosa y sudorosa, creo que en cualquier momento caeré de rodillas. No sé si sentirse de este modo sea normal, aunque podría decir que es por el embarazo. En mi mente tengo un sinfín de pensamientos con respecto al pasado, el presente y el futuro y estoy segura de que puedo sentir tranquilidad porque muchos de esos pensamientos me hacen ver que en este momento todo está superado y que es hoy cuando inicia la verdadera historia de amor entre los dos, no es que los daños que hemos esperado no hayan servido nada.
Las chicas dicen que las mariposas en el estómago son normales el día de tu boda, pero yo siento que quiero vomitar todo lo que comido hoy, que en realidad no ha sido mucho un par de galletas y una manzana, la ansiedad me ha dejado sin apetito. Siento que el corazón se me va a salir por lo fuerte y rápido de sus latidos, mi pecho sube y baja de manera errática, tomo asiento un momento cuidando de no dañar el vestido en lo que alguien viene por mí.
Al fin escucho la melodía que es el preludio a mi boda anunciando que la ceremonia está por empezar, la puerta se abre de golpe dejando ver a Isabel y Celin que vienen por mí, les sonrío cuando olvido que es lo que tengo que hacer, los nervios me han ganado borrándome la memoria y dejando un vacío mental en este momento, me voy a casar, ya tengo que ir junto a Richard para decir que si, para jurarle mi amor para toda la vida. Me ayudan a poner de pies de nuevo y me acomodan la falda antes de salir al pasillo con dirección a la puerta de la iglesia, decidimos alistarme en una de las habitaciones destinadas para tal fin dentro del mismo recinto religioso y que sin duda me da un acceso discreto a la entrada principal.
Logro escuchar un rumor desde donde estoy mientras mis amigas se colocan en sus posiciones y entran antes que yo, voy a recorrer sola el pasillo hasta el altar, no quise que ninguno de los amigos de Richard me entregara y mi bebe está muy pequeño para hacerlo, ni siquiera sabe que es lo que pasa ni el motivo del porqué hay tanta gente reunida. Una vez el cortejo termina inicia la marcha nupcial y entonces hago mi entrada, con la frente en alto luciendo todo lo feliz y hermosa que me siento en este momento, miro a los lados contagiando a los invitados con mi sonrisa hasta que al fin levanto la mirada hacia él y sus ojos se cruzan con los míos creando esa conexión mágica que nunca ha dejado de existir entre los dos.
Sin importarme que la mirada de todos está puesta sobre mí, camino con determinación y hasta me parece que acelero el paso acortando la distancia entre los dos, Richard me observa con ilusión como si fuese la primera vez que me ve, como si en este mundo no existiera nadie más que yo, su mirada llena de amo, deseo y pasión me condena a no poder vivir nunca más sin él a mi lado. Al llegar junto a él puedo notar que un par de lágrimas resbalan por su mejilla, lo embarga la misma emoción que a mí, nos giramos hacia el cura que preside la ceremonia, intento concentrarme en las palabras del religioso, pero la verdad es que no puedo dejar de mira a ese hombre maravilloso que hoy une su vida a la mía.
Finalmente, llega el momento de los votos y presto toda mi atención y sentimiento en escuchar cada una de sus palabras de amor, al tiempo que nos tomamos de las manos y nos ponemos de frente uno al otro, el juramento que hace no solo a mí, sino a nuestro hijo sin saber que ya viene otro en camino, no puedo evitarlo y de nuevo las lágrimas salen por sí solas. Llega mi turno de decir los voto, sus ojos brillan expectante a la espera de que empiece a recitar todo el amor que siento por él.
“Sé lo nervioso que te sientes en este momento amor, pero te recuerdo que yo también me estoy casando justo ahora con el hombre que más amo” —le transmito con la mirada al tiempo que su agarre se suaviza sobre mis manos. Respiro una vez más antes de empezar, sonrío y bajo la mirada hacia nuestras manos entrelazadas.
—No soy de las que cree en el destino y no creo serlo nunca, pero tomando en cuenta todo lo que ha ocurrido en nuestras vidas y que aún seguimos juntos, puedo decir con certeza de que algo parecido al destino quiso que los dos estuviéramos hoy aquí, uniéndonos para siempre, proclamando el amor que sentimos el uno por el otro delante de nuestros seres queridos —empiezo a decir y levanto la mirada para verlo directamente a los ojos—. Quiero, deseo y ansío que sepas y estés seguro de que te amo, de que te amo con cada fibra de mi ser, que no hay una promesa que pueda definir todo lo que en este momento anhelo para los dos, quiero que entiendas que aun cuando puedo vivir sin ti no quisiera hacerlo porque te amo, amo tu compañía, tus caricias, tus besos porque cada segundo del día quiero dirigir mi mirada hacia ti para recordarme cuan feliz soy de que tú estés a mi lado y yo decidiera no estar a tu lado entonces me moriría de tristeza —concluyo cuando las emociones no me permiten continuar.
El religioso continúa bendiciendo nuestra unión al entender que no puedo continuar hablando, las lágrimas salen de mis ojos al tiempo que la emoción me supera, no puedo creer que un día pensé que vivir este momento era algo inverosímil en mi vida, que nunca podría tener mi propia historia de amor, que nunca encontraría al hombre que le diera significado a cada uno de mis días y que me obligara a reinventar palabras nuevas con las que definir el caudal de sentimientos que se desbordan cada vez que sus manos me acarician.
Por el poder concedido por la iglesia en mí, los declaro marido y mujer, lo que Dios unió nunca jamás lo separe el hombre —decreta el cura sacándome de mis reflexiones—. Los novios pueden besarse —concluye antes de dar inicio a unos cánticos que nos acompañan hasta la salida del recinto.
Fue inevitable que de un momento a otro el beso se tornase apasionado y nos olvidásemos del lugar en el que estábamos en ese preciso momento, las emociones son tantas que en mi interior siento que la única forma de poder controlarlas es entregándome a él en cuerpo y alma como cada vez que hacemos el amor, como ha sido desde la primera vez en que nuestros cuerpos se fundieron en la pasión. Ansío sentirlo dentro de mí, devorándome con el fuego de su pasión, pero entiendo que por ahora es necesario ir a celebrar con los amigos el hecho de que finalmente nos hemos casado, luego de un año de planificación. Salimos de la iglesia tomados de las manos, entre vítores y aplausos de los invitados que nos siguieron hasta donde tendremos la recepción.
Al llegar al lugar después de casi media hora, no sabía que Cassandra había elegido un sitio tan apartado, un estremecimiento me recorre al ver todo sumido en la oscuridad, el temor hace que se me seque la boca, un sabor amargo me infecta la garganta con su presagio de desgracia, no puede ser cierto que este día tan especial ahora se convierta en una noche de terror, no puedo evitar pensar en mi hijo en que pronto llegara con el resto de los invitados. Aprieto convulsivamente la mano de Richard tratando de distinguir algún movimiento porque a pesar de que todo está en silencio, siento como si nos observaran.
—¿De qué se trata todo esto? ¿Por qué todo está tan oscuro? —cuestiono entrando en pánico, no quiero que de nuevo se repita la historia, Hannah y ese hombre están muertos y estoy segura de que esta vez no hay poder en este mundo que los pueda revivir.
—Tranquilízate, cierro los ojos y nos abras hasta que yo te diga —me susurra al oído en tono tranquilizador, me abraza llenándome de esa sensación de seguridad que sabe que aún me hace falta.
Nos quedamos así por algunos segundos hasta que los latidos de mi corazón vuelven a la normalidad, entonces me suelta y me hace caminar más hacia el centro de lo que sea en donde estamos, mientras hago lo que me pidió y mantengo mis ojos cerrados, ya no me preocupa la oscuridad ni el silencio, estoy con mi esposo y sé que él nunca haría nada para dañarme.
—Ya puedes abrirlos —dice al tiempo que una hermosa melodía se deja escuchar por todo el lugar envolviéndonos en la suavidad de la voz de la mujer que canta, el techo del local se abre a medida dejando ver que hasta el cielo nocturno se ha vestido de gala para celebrar con nosotros nuestro matrimonio, cientos de estrellas destellan felices desde lo alto llenando de magia el ambiente.

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