La operación se ejecutó con una eficiencia silenciosa en las profundidades de la noche.
El hacker, "Sombra", penetró los servidores de "Arquitectura Regia" con la facilidad de un ladrón experto abriendo una caja fuerte. Superó los cortafuegos, eludió los sistemas de detección. Se sintió un genio. No tenía idea de que cada puerta que abría había sido dejada sin cerrojo a propósito, que cada paso que daba era monitoreado y registrado por el equipo de Abril.
Descargó los archivos: planos, renders, análisis estructurales. Cientos de gigabytes de información supuestamente secreta. Luego, borró sus huellas y desapareció en la oscuridad digital.
En su lujoso apartamento de Polanco, Valentina recibió la notificación en su teléfono encriptado: "Paquete entregado".
Sintió una oleada de triunfo tan intensa que casi la dejó sin aliento. Abrió su laptop y allí estaban. Los planos del enemigo. La fórmula de su victoria. Se sintió invencible, una maestra de las marionetas moviendo los hilos del destino. El poder era una droga, y ella estaba completamente intoxicada.
Pasó las siguientes horas revisando los archivos, su mente trabajando a toda velocidad. No entendía los detalles técnicos, pero buscaba conceptos, ideas, cualquier cosa que pudiera darle a Simón una ventaja. Encontró lo que buscaba: un innovador sistema de gestión de la luz natural que parecía ser el corazón del proyecto rival.
Esa noche, preparó su jugada. No le mostraría a Simón los planos robados. Eso sería demasiado burdo, demasiado arriesgado. En cambio, lo disfrazaría. Lo presentaría como el fruto de su propia inteligencia, de su propia red de contactos.
Lo encontró en su estudio en la mansión Ferrer, rodeado de bocetos y maquetas, su rostro tenso por el estrés. La luz de la lámpara de escritorio proyectaba largas sombras, haciendo que pareciera más viejo, más vulnerable.
—Querido, pareces agotado —dijo ella, su voz era un bálsamo de preocupación y apoyo. Le sirvió un whisky, sus movimientos eran suaves y deliberados.
—Es este maldito concurso —gruñó él, frotándose los ojos—. Ese artículo me ha puesto a la defensiva. Siento que tengo que demostrar algo.
—Lo sé. Y por eso he estado trabajando —dijo ella, dejando una tableta sobre su escritorio—. Hice que mi equipo hiciera una investigación de mercado profunda sobre 'Arquitectura Regia'. Analizamos sus últimos proyectos, su filosofía de diseño...


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