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Perfume Letal de la Esposa romance Capítulo 177

El dedo de Abril se detuvo a un milímetro de la pantalla.

Estaba a punto de presionar el botón que inundaría la tranquila calle de la Roma con sirenas y luces intermitentes, el procedimiento lógico, la acción sensata.

Justo en ese instante, su teléfono vibró de nuevo.

No fue una llamada. Fue un mensaje de texto. De un número bloqueado, completamente anónimo.

Lo abrió. Las palabras eran escuetas, casi telegráficas, pero resonaron con una autoridad inconfundible que la dejó helada.

"No llames a la policía. Yo me encargo. Mantén las puertas cerradas".

Abril se quedó mirando la pantalla. El mensaje era una imposibilidad. ¿Quién podía saber que estaba a punto de llamar a la policía? ¿Quién podía saber lo que estaba sucediendo en tiempo real, en ese preciso segundo?

Solo había una respuesta. Una que su mente lógica se negaba a aceptar, pero que su intuición gritaba con una certeza aterradora.

Simón.

Pero, ¿cómo?

Una oleada de emociones contradictorias la recorrió. La desconfianza, un muro de hielo construido durante cinco años de traiciones, luchaba contra una nueva y desconcertante sensación. El mensaje no era una amenaza. Era una orden, sí, pero era una orden protectora.

Dudó.

Llamar a la policía era seguro. Predecible.

Confiar en ese mensaje era un riesgo. Una apuesta loca basada en un instinto que no entendía, una fe ciega en el hombre que le había enseñado a no tener fe en nada.

Bajó la mano. Sus ojos, fijos en la pantalla de su teléfono, seguían la imagen granulada del intruso, que estaba a punto de forzar la cerradura de su santuario.

Mientras tanto, en el estudio de la mansión, el hombre roto y suplicante de las últimas semanas había desaparecido.

En su lugar estaba el CEO. El estratega. El hombre que había construido y protegido un imperio. Su voz en el teléfono encriptado era fría, precisa y letal.

—Héctor, ¿cuál es la situación de tu equipo? —preguntó, su mirada fija en un mapa digital de la Roma en su monitor.

—Tres agentes en el perímetro. Dos más acercándose por la calle Colima. A dos minutos, señor.

—Bien —dijo Simón, su tono era el de un general moviendo sus piezas en un tablero—. Escúchame con atención. No quiero un escándalo. No quiero un arresto.

Hubo una pausa al otro lado de la línea.

Capítulo 177 1

Capítulo 177 2

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