El taller de "Aromas del Alma" se había convertido en el ojo del huracán.
El teléfono de la línea principal no dejaba de sonar, una cacofonía de periodistas carroñeros, clientes confundidos y curiosos morbosos. Clara, la asistente de Abril, los desviaba con una eficiencia fría y profesional, su voz era un muro de calma contra el asedio.
Abril había ordenado que no se negara la historia. La respuesta estándar era un simple y elegante: "La señora Lozano no tiene comentarios en este momento".
Estaba sentada en su taller, no escondiéndose, sino trabajando. Medía unas gotas de aceite de bergamota, sus manos firmes, su concentración absoluta. El mundo exterior podía arder; su santuario permanecería intacto.
Su teléfono personal vibró sobre la mesa de trabajo. Vio el nombre en la pantalla: "Julián Andrade".
Contestó, su voz era tan tranquila como sus movimientos. —¿Julián?
—Abril —la voz de él al otro lado del Atlántico era cálida, pero estaba cargada de una indignación contenida—. Acabo de ver esa… basura. Estoy en París, son las tres de la tarde aquí. He convocado una rueda de prensa de emergencia en una hora. Voy a desmentir cada palabra.
Abril cerró los ojos por un momento, conmovida por su lealtad instantánea.
—Julián, no tienes que…
—Sí, tengo que hacerlo —la interrumpió él, su pasión era palpable—. No por ti. Sé que eres más fuerte que esto. Lo hago por el arte. Lo que esa mujer ha hecho es una profanación. Una mentira no puede manchar algo tan puro como lo que hemos creado.
Hizo una pausa, su voz se suavizó.
—Abril, ignora el ruido. El arte verdadero no necesita defensa. Se defiende solo. Pero si necesitas un ejército, el mío está a tu disposición.
—Gracias, Julián —dijo ella, y una genuina sonrisa se dibujó en sus labios por primera vez ese día—. De verdad. Gracias.
Mientras tanto, en una sala de control de alta tecnología en un lugar no revelado de la Ciudad de México, el ejército de Simón ya estaba en pie de guerra.
Héctor estaba de pie frente a una pared de monitores, sus hombres trabajando en silencio a su alrededor. El ambiente era de una eficiencia letal.


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