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Perfume Letal de la Esposa romance Capítulo 205

El Museo Tamayo era una isla de concreto y cristal en el mar verde del Bosque de Chapultepec.

La inauguración de la nueva exposición de un aclamado escultor oaxaqueño había convocado a la élite cultural de la ciudad. El aire vibraba con el murmullo de conversaciones sobre arte, política y, por supuesto, sobre quién estaba con quién.

Abril llegó con Mateo. No como una pareja, sino como dos colegas, dos almas creativas que se movían en la misma órbita.

Ella llevaba un vestido de seda color cobalto que contrastaba maravillosamente con su piel. Él, un traje de lino sin corbata. Se veían naturales, cómodos en su propia piel y en la compañía del otro.

Simón llegó solo.

Se mantuvo fiel a su nueva promesa. No se acercó. No interrumpió. Se convirtió en un fantasma, una sombra en la periferia de su luz.

Se paró al otro lado de la vasta sala principal, cerca de una de las rampas de concreto, fingiendo un profundo interés en una instalación de videoarte.

Desde allí, la observaba.

La observaba como un astrónomo estudia una estrella distante, sabiendo que nunca podrá tocarla, pero fascinado por su brillo.

Y por primera vez, la vio. Realmente la vio.

La vio debatir con Mateo sobre la tensión en una escultura de acero, sus manos moviéndose con una pasión expresiva que él nunca había conocido.

La vio reír a carcajadas por un comentario ingenioso del arquitecto. No era una risa coqueta ni calculada. Era una risa abierta, sonora, que iluminaba su rostro y hacía que la gente a su alrededor sonriera instintivamente.

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