Había pasado una semana desde que "Corazón del Desierto" había emprendido su viaje.
Abril estaba en su oficina, un espacio sereno con vistas al jardín interior de la boutique. Revisaba las propuestas de diseño para su página web, discutiendo paletas de colores y tipografías con Mateo, el arquitecto, a través de una videollamada.
Estaba inmersa en la construcción de su futuro, ladrillo a ladrillo, pixel a pixel.
Su teléfono vibró sobre el escritorio de roble.
Era una notificación de su aplicación bancaria. Esperaba que fuera la confirmación de un pago a uno de sus proveedores de Oaxaca.
Miró la pantalla.
Y el mundo se detuvo.
El nombre del remitente era Al-Fahim Enterprises.
La cantidad la hizo parpadear. Se quitó las gafas, limpió la pantalla con un paño, y volvió a mirar.
No era un error.
La cifra era exactamente el doble de la cantidad que habían acordado en el contrato. Una suma que no solo aseguraba el futuro de "Aromas del Alma" durante años, sino que la catapultaba a un nuevo nivel de independencia financiera.
—¿Abril? ¿Estás ahí? ¿Te gusta la maqueta? —la voz de Mateo sonaba lejana desde la laptop.
—Mateo, tengo que llamarte luego —dijo ella, su propia voz sonando extraña en sus oídos.
Cerró la laptop sin esperar respuesta.
Se quedó mirando la notificación, un torbellino de emociones arremolinándose dentro de ella. ¿Un error? ¿Una prueba?
Justo en ese momento, una nueva notificación apareció en la parte superior de su pantalla. Un correo electrónico.
El asunto era simple: "Un agradecimiento".
El remitente era la dirección de correo electrónico personal del jeque Al-Fahim.
Con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho, abrió el mensaje.



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