Pero al parecer había subestimado la influencia que Elena seguía teniendo sobre Diego. Quedaba claro que no bastaba con que Elena se hubiera hecho a un lado; tenía que encontrar la forma de destruirla. Solo así Diego la soltaría por completo.
Fue entonces cuando Adriana pensó en Marcelo Santor.
***
A la mañana siguiente, Isabel se despertó con una resaca espantosa. Cuando terminó de arreglarse, vio que Elena ya le había preparado el desayuno y un remedio para la cruda.
Con una expresión radiante, soltó:
—Ahora entiendo perfecto por qué tantos hombres se casan. A la otra me toca ser yo la consentida.
Elena soltó una mirada resignada y le tendió una empanada para que dejara de hablar. Mientras desayunaban, Elena le platicó que por fin el profesor Álvarez la había aceptado como alumna.
Isabel se emocionó:
—¡Pero qué buena noticia! Si de ahora en adelante trabajas con el profesor Álvarez, vas a poder seguir el camino que dejó abierto el doctor Navarro. ¡Podrías abrir tu propia clínica y forrarte de dinero!
Elena suspiró:
Abrir una clínica no es tan sencillo. Aunque aprendí muchas cosas de mi abuelo desde niña, nunca he dado consulta de manera formal y todavía me falta experiencia. Así que me toca empezar desde abajo. En cuanto termine de entregar mis pendientes en el Grupo Romero, voy a renunciar para dedicarme de lleno a estudiar con el profesor Álvarez.
Isabel asintió, sonriendo de oreja a oreja:
—Qué bueno, Elena. La verdad es que me daba miedo que te fueras a deprimir por culpa de ese patán. Pero viéndote tan enfocada en tu futuro, ya puedo respirar tranquila.
Al pensar en su abuela, Elena volvió a suspirar:
—El problema es mi abuela, esa va a ser una batalla difícil. Cuando mi tía se divorció, ella armó un drama terrible. Si ahora le salgo con que Diego y yo terminamos, capaz y le da un infarto.
Isabel le lanzó una idea:
—¿Y si te buscas a alguien para que finja ser tu esposo? Digo, si a tu abuela lo único que le importa es verte casada, ¿qué más da con quién?
A Elena le pareció una idea descabellada. Ya había vivido un matrimonio falso con Diego, ¡ni loca iba a repetir la historia!
***
Por otro lado, Marcelo no dejaba de mandarle mensajes por WhatsApp, insistiendo en verse para discutir a fondo el proyecto. Elena no tenía la más mínima intención de quedarse a solas con él, así que le daba largas.
Ese día, al salir del trabajo, la asistente de Marcelo pasó por ella en coche. Al notar la cara de disgusto de Elena, le dijo en tono amable:
—El señor Santor mencionó que esta noche también invitó al señor Romero. ¿Con eso ya se siente más tranquila para acompañarnos, señorita Navarro?

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